Arxiu d'etiquetes: bondat

Dª Antonia Martínez, matriarcalisme, emprenedores, bonesa i filantropia

Dones organitzadores, amb molta iniciativa i amb molta espenta.

Ací parlarem sobre dones organitzadores i, igualment, amb molta espenta. Direm que, el 4 d’octubre del 2020, Jose V. Sanchis Pastor, mitjançant un missatge, em comentà (per a ampliar la informació sobre dones amb molta iniciativa i, en línia amb lo que tractem), que Juan Antonio Boluda, vinculat amb l’Ajuntament de Benigànim, “va fer un article molt interessant sobre ‘Doña’ Antonia Martínez, una dona de València que va beneficiar molt Benigànim i la festa de la Beata Inés.

Pot interessar-te també com a exemple de matriarca”.
Un poc després, li posí que “la cosa, en bona mesura, va en eixe seny”. Aleshores, ell m’afegí: “Pots demanar també per Leonor Ortiz. Dona riquíssima que va fundar un asil, ací, a la vila. Tots els pobres que anaren al soterrar, cobraren el jornal del dia sencer…”. En escriure, aquestes frases, en aquest estudi, l’11 d’octubre del 2020, lo primer que m’eixí fou “Impressionant”. En acabant, plasmarem part de l’escrit que figurava l’11 d’octubre del 2020 en el mur de Facebook “Beata Inés de Benigànim”, amb un escrit extens encapçalat pel títol “Dª ANTONIA MARTINEZ ‘La Millonaria’ y su devoción a la Beata”, i redactat per Juan Antonio Boluda, el qual, entre d’altres coses (i amb lleugers retocs), diu així:  

“Transcurría la multitudinaria procesión de la Beata Inés que cada 21 de enero congrega a miles de devotos no solo de Benigànim, sino de toda la Comunidad Valenciana. Yo era uno de ellos, este año[1], por motivos de trabajo, acompañaba a los reporteros de un medio de comunicación que habían llegado a Benigànim para hacerse eco de la fiesta, me había comprometido con ellos que los guiaría y les explicaría todo aquello que quisieran saber, pensando que yo lo podría saber todo. 

Ni mucho menos, ese mismo día me llevé una sorpresa cuando una vecina de Benigànim, persona a la que yo le tengo mucho afecto, me dice con esa expresión que nos caracteriza ‘¡Que poca vergüenza!, ¿mira que nadie acordarse de esta señora que tanto ha hecho por esta fiesta?’. Nos miramos sorprendidos, como queriendo decir: ‘Esta mujer, ¿qué dice? Si, la Millonaria…’, insistía ella, Dª Antonia Martínez. Me quedé pensativo, ‘Es verdad’, dije yo, si que había oído hablar de la Millonaria, que era una mujer muy devota, que le había tocado la lotería…

 Esa persona era la Tia Pepica, conocida como ‘La Muda’, y le prometí que escribiría un artículo para el programa de fiestas del año siguiente y que la recordaríamos. Quedé con ella para que me pusiera un poco en antecedentes y, en una agradable conversación, me contó algunas cosas del personaje”.

Tot seguit, Juan Antonio Boluda afig que, segons ell (i hi estic totalment d’acord), “Pienso que son historias que los mayores deben recordar y los jóvenes debemos conocer”. Per això, addueix que “Allá fui y me puse a preguntar y a recoger información. La verdad es que, cuanto más preguntaba, más interesante y más justo me parecía recordar la vida y la relación de esta personalidad con el pueblo de Benigànim. Me sorprende la popularidad y la admiración con la que todo el mundo al que yo consultaba me hablaba de aquella señora de Valencia que venía a la Beata y que le había tocado la lotería. Coinciden en lo mismo ‘Era una gran persona’ y, a todos, despierta recuerdos entrañables, destacando su generosidad con este pueblo y su Beata. 

Lo primero que llega a mis manos de ella es una fotografía, en una de sus innumerables visitas al asilo de ‘Las Hermanitas de los pobres’ de Benigànim, con las monjitas, ante una suculenta paella y rodeada de mucha gente. Veo que es una persona de presencia importante, de constitución grande, solidaria, emprendedora, decidida y, según me cuentan, profundamente creyente[2].

Era el año 1952, la economía española estaba cerca de una fallida técnica, era época de hambre, fue el año que se suprimieron las cartillas de racionamiento, se establece la libertad de precios, comercio y la circulación de productos alimentarios. 

(…) Dª Antonia Martínez Segura, viuda del Industrial Gabriel Mari Montañana, era propietaria de una empresa de fogones de petróleo a la calle Azcárraga de Valencia, una esmaltería situada a la calle Torres de la misma capital y un taller de sartenes en Mislata. Esa fue la herencia acogida de su marido, que había fallecido muy joven junto a cinco hijos que llevar adelante: Gabriel, Pepe, Antonio, Vicente y Carmen. Los negocios no pasaban por buenos momentos, a su cargo tenía a setenta operarios que iban a quedarse sin trabajo; luchadora y defensora de los trabajadores, intentó, por todos los medios y con mucho coraje, que eso no fuese así.

Como persona creyente, era asidua a la Catedral de Valencia. Allí visitaba con mucha frecuencia a esa monjita que está en un altar, la Beata Josefa de Santa Inés de Benigànim, de la que era muy devota y a la que le tenía muchísima fe. Pedía fervorosamente por su situación y la de sus empleados. 

Recurriendo tentar a la suerte y en uso de su devoción, pidió a la Beateta de Benigànim que les tocara la lotería, un número entero que había comprado para Navidad, y que había repartido entre sus trabajadores a cada uno en proporción al sueldo que tenía, el resto se lo quedó ella. La sorpresa fue tremenda: el gordo de la lotería de Navidad de aquel año fue para ese número. A partir de ahí, comenzó la relación de Dª Antonia Martínez con el pueblo de Benigànim y su Beata Inés. 

Días después, vino a Benigànim a dar las gracias a la Beata Inés un autobús con todos sus trabajadores.

(…) El Alcalde de Benigànim era el querido y recordado Don Vicente Boluda Palop, que hizo, con mucha caballerosidad, de perfecto anfitrión ante la comitiva y, a partir de ahí, se estableció un entrañable vínculo de amistad entre la familia de éste y la de Dª Antonia, a la que acompañaba y recibía en todas sus innumerables visitas. Benigànim era un pueblo de labradores que, poco a poco, iba creciendo gracias a las industrias del vidrio, madera, alpargatas y el textil. Pequeño, alegre y festero, en aquellos tiempos, en el mes de enero, se celebraba de manera esplendorosa la fiesta de San Antonio Abad, era una de los festejos más grandes. A la fiesta en honor a la Beata Inés, se hacía el solemne novenario al que cada año acudían a predicar oradores de mucha solera como Don Enrique Albiol, Don Juan Benavent, el Padre Salvador…. y el día 21 de enero se hacía pasacalle con ‘trons’, Misa Comunión y la Misa Mayor, más que nada, para los devotos que venían de fuera. 

(…)  Dª Antonia Martínez, con su bondad, sentía que tenía mucho que agradecer a la Beata Inés y, no solo a ella, sino a todo el que le rodeaba como su pueblo Benigànim, y así lo hacía adquiriendo compromisos con la parroquia, las Monjas Agustinas Descalzas y los más necesitados, convirtiéndose en una auténtica embajadora. La gente recuerda cuando venía siempre rodeada de personalidades, sobre todo, a la procesión. 

La imagen y las andas que actualmente recorren las calles de Benigànim de la Beata con el Ángel obra del escultor Don Carmelo Vicent y a la que todos veneramos, fue una donación de Dª Antonia Martínez.

 (…) Que la imagen pertenecería a todo lo pueblo y sería conservada por el Excelentísimo Ayuntamiento de Benigànim. La donante se guardaba el derecho a que la imagen pudiere pasar a ser propiedad de la hermandad Inesina. 

(…) Aunque no he tenido la oportunidad de consultar algún documento que lo acredita, me dicen y me lo confirman las Religiosas del Convento de las Agustinas Descalzas que también la imagen de la Purísima Concepción que preside el altar mayor de la iglesia de la Beata, fue también una donación de Dª Antonia Martínez y que las pendientes de brillantes que llevaba la Purísima eran de una cuñada que vivía en Bellús y que murió de una larga enfermedad. Mucha gente del pueblo recuerda cuando, desde un balcón de la casa de la familia Mataix situada a la Plaza de la Beata, en un baño de multitud, junto al Alcalde D. Vicente Boluda, se leyó el acta de donación de la imagen. También donó una campana.

Transcurrían los años y Dª Antonia Martínez continuaba visitando Benigànim, no fallaba nunca en los días más señalados, Navidad y Reyes, el día de la Madre…, visitas que siempre eran gratas. Era querida y conocida por la gente del pueblo, de forma cariñosa, como ‘La Millonaria’.

Estaba pendiente de todas las necesidades del pueblo y numerosos los donativos y las donaciones que hacía. Todos los 21 de enero, así como dos o tres veces al año, obsequiaba la comida en el asilo de las Hermanitas de los pobres y compartía mesa con ellos. También lo hacía en el asilo de las Hijas de la caridad, repartía juguetes para todos los niños y niñas, incluido algún año me cuentan que pagaba la banda de música para la cabalgata de los Reyes Magos. Era todo un ejemplo de caridad y bondad para el pueblo de su venerada Beata a la que tanta ayuda le había pedido y tan correspondida se había sentido.

El día 2 de enero de 1960, en una sesión de pleno ordinario (…) la nombraron hija adoptiva de la Villa Real de Benigànim en gratitud a su comportamiento con este pueblo, al que tan ligada estaba y se sentía desde hacía algunos años, a su generosidad con los más necesitados, a su fe en la Beata Inés, a la que ella impregnaba el manifiesto de su devoción allá donde iba y en todos los actos de su vida.

(…) También el pueblo de Benigànim la honró dedicándole una calle a su nombre.
El año 1967 monta una fábrica en Meliana con el nombre de VIUDA DE GABRIEL MARI MONTAÑANA, que actualmente existe con el mismo nombre, dirigida por tercera generación, o sea, por los nietos, y dedicada a la fabricación y distribución de productos bajo la marca PRÁCTIC (Chimeneas, tuberías, accesorios de baño para calefacciones, fregaderos…)”.
 

A continuació, Juan Antonio Boluda escriu: “hablo con Antonio Jorge Mari Calvo, de cincuenta y un años, nieto de Dª Antonia, hijo de Antonio, el tercero de los hijos. Me recuerda muchas cosas de su abuela: cuando era niño con ocho años, vino alguna vez a la Beata con ella; recuerda las monjitas que le daban pastelitos y caramelos, me pregunta por las Hermanitas de los pobres, me cuenta que Dª Antonia tenía un carácter fuerte y con mucha personalidad, pero tenía un corazón grandísimo, lleno de bondad y generosidad, que la vida de su familia estaba marcada con mucho orgullo por un sistema social con el que prevalecía la línea materna como autoridad, es decir, era una autentica Matriarca, y su recuerdo estaba muy presente en la vida de toda la familia”

I, finalment, Juan Antonio Boluda, entre d’altres coses, indica que “Hoy, más de cincuenta años después, creo que es justo hacer una pequeña conmemoración y, con lo poquito que he podido plasmar en este breve homenaje, espero haber despertado un recuerdo entrañable entre la gente que la conoció y vivió alguno de estos acontecimientos. Entre los que no, haber aportado alguna cosa más a la historia de nuestro pueblo y de la fiesta de la Beata”. 

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

 

Notes: 

[1] Aquesta entrada de Facebook és del 9 de març del 2017.

[2] El remarcat és meu i, ho faig, entre d’altres coses, per a veure que coincideix amb unes línies que escriu Manuel Sanchis Guarner (en el llibre “La llengua dels valencians”), quan comenta que, en el segle XVIII, la gran majoria dels valencians eren molt religiosos com també quan, un amic meu, autor del llibret “’La Abuela Damiana’. Vivències que perduren”, escriu que l’àvia Damiana, matriarca de la cultura colla en el nord de Xile, és ”una dona minera, del Poble dels Colla, natural de l’altiplà andí, de costums i vida propis, d’organització matriarcal i molt religiós” (p. 3) i que, “Per al poble colla, la matriarca és l’autoritat, tant civil com religiosa i, fins i tot, la judicial” (p. 4).

Un fet semblant el trobem en el llibre “Cuentos valencianos”, de Vicente Blasco Ibáñez, quan, en el relat “La cencerrada”, diu que “Marieta (…) se metió en el estudio siguiendo a su marido.

Ahora se fijaba en aquella habitación, la mejor de las casas, con su sillería de Vitoria, las paredes cubiertas de cromos religiosos con apagadas lamparillas al frente (…)

Sobre la ventruda cómoda (…) elevábase una enorme urna llena de santos” (p. 54).

Dones comerciants, que salven i hòmens agraïts

Una altra contarella arreplegada en l’obra “Rondalles populars valencianes”, i en què capim molts detalls matriarcalistes, és “El plet de les Amèriques”. Un home decideix anar-se’n a les Amèriques, s’atansa al port, veu una cantina on donaven de menjar i hi entra:

“-Bon dia, nostra ama -va saludar.

-Bon dia, cavaller. Vós direu.

-(…) Si vos vinguera bé, em fiaríeu (…) de manera que, quan jo vinga d’allà cap ací, (…) vos ho pagaré, si vós volguéreu fer-me la gran favor.

La dona l’escoltà  i, (…) com que era tan poquet, va dir:

-Tireu, pobre home. Si torneu a pagar-m’ho, bé; i, si no hi torneu, també!” (p. 293).

En altres mots: apareix la figura de la dona comerciant i, al mateix temps, senyora ama, és ben considerada per l’home i ella el salva i el subministra.

Dotze anys després que el senyor haja anat a l’estranger, “va fer una mitja fortuneta. Com que, a l’home, li tirava molt València, (…) se’n tornà. De regrés cap ací, se’n va recordar” (p. 293) dels detalls “que l’ama de la cantina li havia fiat quan era un pobre (…). Agraït per tot allò” (p. 294), se’n va al local a veure si hi era “i encara hi estava la mateixa dona” (p. 294), qui li diu:

“-Sí que me’n recorde, vaja! Com esteu, vós?

-Molt bé, senyora. Venia a pagar-vos, que, qui paga, descansa; i qui cobra, s’alegra; i, qui és agraït, és ben parit” (p. 294).

Com podem veure, en unes quantes línies, hi ha tres refranys i el tema de l’agraïment, present en moltes rondalles de tot l’àmbit lingüístic.

Passa que la senyora ama tenia un fill que era advocat i que porta a juí el viatger. El valencià que torna d’Amèrica, al capdavall, troba un lletrat que li recomana anar a un pastor que la sap llarga.

Després, l’home raona amb el pastor, qui li diu: “Això ho teniu guanyat de seguida” (p. 295).

Ja en el judici, en què el defensor del fill havia tret aliments i animalets, el pastor diu al jutge que la vespra ell havia cuinat “cigrons, hui he anat i els he plantats” (p. 295).

Llavors, quan el magistrat li amolla si, tot i haver-los adobats, encara volia que isquessen, el ramader li comenta:

“-Home! ¿Voleu vós, que, al cap de dotze anys, que este home es va menys dos ous, isquen pollastres, gallines, pollets i tot, i no voleu que isquen els cigrons?” (p. 296).

Finalment, el jutge es posa de part de l’home que havia regressat de les Amèriques, qui “va poder viure tranquil amb la seua mitja fortuneta gràcies al pastor, que va guanyar un amic” (p. 296) i, per això, el narrador s’alia amb els personatges de bon cor (l’home, l’ama, el lletrat i el pastor).

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Dones que salven, fills agraïts i reis que emparen la bonesa

Tornant a un passatge amb els tres germans plegats, els dos majors se’n desfan del més xiquet i, quan ja són en el palau reial, lliuren els dos ous al remeier,… però el fill del monarca no es guareix de la ceguesa.

Altrament, l’àguila passa pel pou, recull el més petit dels germans i, a canvi de traslladar-lo cap a la cort, el fill alimenta l’au. És més: la part sacrificada és masculina, puix que l’home més petit (ací, el nin) diu a l’àguila: “M’has salvat la vida” (p. 243) i ell li havia donat una de les seues cames.

Llavors, la dona (amb un paper paregut al de la lloba que veu que un lloparró seu podria morir-se i li bossa menjar mastegat per ella) “Bossa la cama, li l’apega i li la posa” (p. 243). I, en finir el trajecte, l’au diu: “Jo sóc la Mare de Déu, la mateixa a qui tu reses totes les nits. Sóc la mateixa que estava en la caseta. Ara, vés corrent al palau, que ja hi són els teus germans. Tots dos passen els ous pels ulls, però no s’hi veu. Fins que tu no hi aplegaràs, no s’hi veurà” (p. 243). Així, la marona (ací, un personatge femení) determina qui podrà guarir el príncep i, més encara: ho posa en mans de qui ella tria com a persona més preparada per a fer el bé al malalt, perquè ho podem interpretar com que, qui sí que és bonhomiós, pot fer el bé allà on siga i allà on visca, àdhuc, amb un paper que evoca les trementinaires.

Com a mostra, ja davant del monarca i del curander, el noi passa un ou per davant de cada u dels ulls del príncep, a qui li retorna la vista. En acabant, com a agraïment i com a recompensa, el rei li diu:

“-Bé: ara, tu tindràs el premi que voldràs. I els teus germans tindran el castic que tu diràs” (p. 244). Després, el fill considera adient que els seus germans, en lloc, per exemple, de ser empresonats, porten un capell (ací, un cartell en què la gent puga llegir tot el mal que han fet). I li afig: “I els perdone, ara, de tot” (p. 244).

Finalment, en haver-ho aprovat el rei, el monarca li va comentar: “ara, tu, demana’m el que vulgues. Et construiré un palau; i els teus germans, que romanguen en casa. En eixe palau, no et faltaran criats, ni criades; ni et faltarà menjar (a tu, a ta mare o a ton pare) mentre visques. I el dia que tu sigues ben gran i que trobes una xica que t’agrade i que et cases amb ella, hi viureu com si fóreu el rei i la reina, mentre visqueu” (p. 244). En altres mots: el sobirà s’alia amb l’actitud de bon cor (un detall que lliga amb el matriarcalisme i amb l’arquetip del rei), allunya la malignitat, acull la innocència infantil, empara el cor net del nin i, com si el xiquet fos hereu seu, possibilita que l’al·lot tinga on viure protegit (i amb un bon nivell de vida) en l’esdevenidor. Com un pare bonhomiós faria amb un fill benèvol.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Rondalles amb persones de bon cor, maternitat i amb dones que salven

Una altra rondalla en què es copsen trets matriarcalistes, i que hi ha en la recerca “Cavallers de capa i capell”, és “La criadeta”, sobretot, per la bonesa i pel tema de l’acollida de xiquets òrfens, en aquest cas, d’”una filla joveneta, òrfena i sense béns” . Així, després de la mort dels amos d’un mas, els del mas del costat, “que eren rics i que la coneixien, es van apiadar d’ella i se la van afillar com una criadeta. A més, perquè els venia bé tindre algú que es fera càrrec del fill menut que tenien, un infant de pocs mesos. I així va ser com la xiqueta es va incorporar, de seguida, a la seua nova família” (p. 27).

A més, cal remarcar que “La xiqueta s’avenia molt bé i era molt faenera i, per això, i perquè veien que tenia molta cura del seu fill, els amos del mas (…) li van agafar molta estimació i la tractaven molt bé” (p. 27), fet que indica que, no per haver estat adoptada, la miraven de dalt a baix, sinó que en prioritzaven els seus punts forts.

Això féu que, un dia d’hivern, els propietaris li digueren que “se n’havien de baixar a la vila (…) i que li deixarien el xiquet durant unes hores, que en tinguera molta cura. La xiqueta els va dir que sí i es va posar molt contenta perquè veia que se’n fiaven molt” (p. 27).

És a dir que, de bon principi i fins ara, els pares adoptius fan possible que la filla estiga emparada i no deixen fora la infantesa, ni l’adolescència. Ben mirat, la bona avinença entre ambdues bandes, consolida el lligam entre els adults i els de la generació més jove, o siga, amb l’esperança.

En un altre passatge, un dia que feia molt de fred, la xiqueta carrega de llenya la llar i acosta el nen al foc perquè no tinga fred. Passa que ella s’adorm i que el bressolet s’encén en flames.

Aleshores, la criadeta tracta de salvar el nin i, com que res no pogué fer, “La xiqueta només feia que plorar i plorar i s’aclamava a la Mare de Déu” (p. 27), tret que reflecteix l’interés de la jovencella pel xiquet:

“-Divina Aurora: salveu-me d’açò! Torneu-me el xiquet, que s’ha mort cremadet com un angelet!

I vinga de plorar i vinga de resar!

En eixes que estava, que va sentir que obrien la porta del carrer. Eren els amos del mas, que ja tornaven de la vila (…). De seguida (…) la van veure amb els ulls plorosos (…):

-Què et passa, xiqueta? Per què plores tant? (…) On és el nostre fill? (…) Vinga, ja n’hi ha prou! (…).

Però, quan anava a dir-los tot el que havia passat, van sentir que el xiquet es reia a la cuina i se’n van anar corrents a veure’l. I és que el xiquet era en el seu bressolet, tot content i calentet, com si no li haguera passat res, i feliç de veure els seus pares” (p. 28).

Altra vegada, l’atenció pel xiquet fa que ell romanga com en un sopluig i, així, per exemple, com el nen que alleta de la mare i com la dona fa que ell senta la calentoreta maternal que atorga confiança per part del nin i tranquil·litat a la marona. Afegirem que aquest sentiment de l’infant també és present en el seu vincle amb els pares, no sols en la relació criadora-fill i que la dona (Nostra Senyora) havia salvat l’home (l’al·lot).

Finalment, com a mostra de la bona empatia dels propietaris, “Quan la xiqueta, ja més asserenada, els va contar el que havia passat, els amos del mas es van posar a plorar (…) i van saber que la Divina Aurora els havia fet un gran miracle. Els amos no van castigar la xiqueta i li van permetre viure al mas tota la vida” (p. 28). Així, hi ha un agraïment de pares a criadeta i recompensa (ací, molt important): que ella puga estar sota un aixopluc, fet que li permetrà tenir una vida més fàcil i, ara sí, com a filla adoptiva i de fiar pel seu bon cor.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Rondalles amb mares que donen vida als fills i amb reis bonhomiosos

Una altra rondalla en què capim trets matriarcalistes, arreplegada en l’annex del treball “Cavallers de capa i capell”, d’Oreto Doménech i Masià, és “La flor del girablau”, coneguda i amb diferents versions. Un rei estava molt malalt i ningú trobava eixida a la seua malaltia, fins que, un vell que vivia en una cova de la muntanya, es presenta en el castell del monarca (p. 18). Sobre el fet que el personatge siga un home, que visca en una espluga i que el puga salvar, podria anar associat a un personatge que abans era femení, puix que, per exemple, en terres catalanoparlants, el món de les herbes medicinals era lligat, sobretot, a dones (com és el cas de les trementinaires en Catalunya), la formació de les quals passava a filles. Aquest home “tenia fama de ser mig metge, mig bruixot” (p. 18). Aquest detall connecta amb què aquesta narració puga ser-ne de transició (en què aquest metge pren part del passat i del present) i, àdhuc, amb què un protagonista femení hagués estat substituït (metgessa/bruixa, filla/mare, fadrina/casada…).

En qualsevol cas, ell diu “El rei només se salvarà, si algú li porta la flor del girablau” (p. 18) i, després, se’n torna a casa.

Llavors, el monarca comenta als dos fills que, qui li la duga, “heretarà el regne quan jo em moriré.

L’endema, els dos fills van eixir a cavall i cadascú va tirar cap a un costat” (p. 18).

En acabant, el narrador empiula el germà major amb “davall d’un pi” (un arbre que simbolitza el penis), mentres que el petit ho fa “davall d’una carrasca”, arbre paregut a l’alzina. Agregarem que, segons una creença que es pot llegir en l’entrada “Alzina” de l’”Enciclopèdia de la Fantasia Popular Catalana”, de Joan Soler i Amigó, “L’alzina és la muller del roure”. En altres mots, el gran tira amunt i descarta lo femení i lo maternal, mentres que el xicotet (qui era l’aleta del cor de son pare, qui podria representar el roure, puix que cal que un sobirà siga fort) és en nexe amb la dona.

El segon fill, en veure la velleta, fins i tot, li amolla “Si voleu, vos ho podeu menjar tot, que jo no tinc gens de gana’.

Quan la vella va acabar de menjar, va demanar al xicon per què feia mala cara i no volia menjar res. Ell li ho va contar tot i la velleta, en agraïment, li va dir que l’acompanyaria a on era la flor del girablau” (p. 19).

Aleshores, el jove agafa la més grossa i més bonica i fa camí cap al castell. Ara bé, com que el major li tenia enveja, el mata i “El va soterrar en un barranc sota un munt de pedres i de cantals i se’n va tornar cap al palau” (p. 19), on presenta la flor al sobirà.

Passa que el monarca, tot i que, primerament, es posa bo, s’entristeix perquè vol veure on romania colgat el fill petit i, per això, s’hi desplaça i “s’hi va fer acompanyar de tota la cort (…), hi creixia una flor de girablau tan bonica com la del rei” (p. 19) i, així, ambdós (el pare i el fill) són com un eixart de bonesa i de simpatia.

Ja molt a prop de la flor, tant els acompanyants del rei com també el fill gran, ouen que la flor comença a cantar que el seu germà l’havia mort, per enveja i per maldat, i que, ben mirat, li havia clavat l’espasa i que ell romania soterrat allí.

Tot seguit, “El rei va manar que grataren davall de les pedres i (…) van trobar el fill menut del rei, que, per art de màgia de la flor del girablau, encara era viu” (p. 19).

O siga que el petit havia estat sebollit davall de la mare (la terra, les pedres) i ella li havia donat vida.

Finalment, el rei perdona el fill gran, però visqué empresonat la resta de sa vida i, quant al més jove, “el van fer rei i tota la vida va governar com un bon sobirà” (p. 19).

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Educació matriarcal i dones bonhomioses que marquen les directrius sexuals

Una altra narració del treball “Cavallers de capa i capell, quantes estreles hi ha en el cel?”, i en què es plasma l’educació matriarcal, és “Els teuladins”, puix que una mare no deixa en ridícul, ni desconsidera, el paper del fill més menut. Així, una mare de teuladí “tenia tres teuladinets i els instruïa perquè saberen fugir dels hòmens. Dels tres, n’hi havia un, el més petit, que feia cara de bovo i que semblava ser el més poc llest de tots tres. Els altres dos germans se li burlaven. No obstant això, la mare explicava, als tres junts, les tècniques per a sobreviure” (p. 14):

“-Mireu, fills meus: si alguna vegada veieu un xiquet que s’ajupeix i que agafa una pedra, tingueu en compte que vos fotrà una pedrada. Pegueu a fugir i aneu-vos-en ben lluny!

Els dos majors van dir:

-Sí, mare: així ho farem.

Però el més xicotet, se’ls va deixar mirant i va dir:

-Tot això, és molt bé, mare. Però, què farem si el xiquet duu la pedra a la butxaca?” (p. 14).

“Això demostrava que el teuladí més menut (…) era tan sabut o més que sa mare, i segur que més que els seus dos altres germans, els quals ja no se li van burlar mai més” (p. 14). El paper de la mare, exemplar.

Una altra contalla triada per la investigadora de l’Alcúdia és “El matrimoni molt unit”, de caire eròtic i, al capdavall, amb un passatge escatològic.

Un matrimoni tenien molta bona avinença tots dos, fins al punt que no es barallaven mai, i la muller era resolutiva. Com a mostra, en una partideta en el casino, l’home digué als seus companys de joc que tots dos no s’enutjaven mai. Nogensmenys, un amic li diu: “quan te’n vages a casa, agafes el ruc (…) i, en comptes d’entrar-lo de cara, l’entres de cul. Ja veuràs com s’enfurismarà!

-Doncs bé. Així ho faré. Vejam què passarà!

Dit i fet. En arribar a casa, l’home va obrir les portes i va fer entrar la somera a recules.

La dona, en veure-ho, (…) va dir amb una bona rialla:

-Mira: molt ben pensat! Massa vegades ha entrat ja el ruc de cara en aquesta casa. Ara, que hi entre de cul!” (p. 15).

Per consegüent, abunda el vocabulari sexual en relació amb aquestes dues penetracions del penis en la dona com també en nexe amb l’acte: la casa (la vulva), entrar de cara (per davant), entrar de cul (per darrere), el ruc (el penis), les portes (les de la vulva), la somera (el membre viril) i el fet que la dona estiga creativa… en un desenvolupament en què ella té la darrera paraula i en què indica quines passes haurà de fer el marit: “Ara, que hi entre de cul!”.

Ara bé, la cosa continua i, així, la muller havia posat un saler damunt de la taula; i una gallina (símbol de la fecunditat) havia revolat per allà damunt i, ben mirat, hi havia cagat. Llavors, la dona, “perquè el seu marit no veiés la merderada, hi va col·locar damunt un saler d’eixos redons antics, amb el cul per damunt” (p. 15), o siga, amb la dona panxa avall…

Després, l’home, amb intenció d’alterar-la, li diu que ell voldria una bona merda per a sopar. I ella, sincera, li respon:

“-Doncs, alça el saler; i, davall, en trobaràs una!

I això volia dir que era una dona, tan bona dona, que sempre poltrejava el seu home i tothora tenia allò que el seu marit li demanava.

(…) i el matrimoni va continuar tan unit o més, que sempre” (p. 16).

Agregarem que “poltrejar”, com podem llegir en el “Diccionari eròtic i sexual”, significa “Muntar un poltre, un cavall”, “Muntar sexualment una dona”, de manera que ella és damunt de l’home com si la muller fos qui porta el cavall… Un altre detall matriarcalista, en una relació sexual acompanyada de fruïció.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Ritu de pas de xiqueta a dona en rondalles, sensibilitat i sinceritat

En aquestes cerimònies de pas de xiqueta a dona, Oreto Doménech i Masià, en el treball “Cavallers de capa i capell”, comenta que, sobre la llibertat, “ensenyen les dones a les filles, però també als fills” (p. 26). El pas del sòl a la banda superior dels matalaps em féu pensar molt prompte en els escalons que la xiqueta hauria de pujar per a ascendir a dona i que, com més amunt, més important seria el seu paper de conservar una sensibilitat cap a tot lo món. A banda, com posa la investigadora, “només la sorprén una mica i pensa: ‘regnes diferents, costums diferents’. L’apertura a allò altre, doncs, l’havia ben apresa a la seua casa natal: havia estat ben criada” (p. 26).

És més: tot i ja haver accedit a la banda més alta, encara capta lo més petit, allò que podria ser considerat com a refusar i que, en canvi, formarà part de la seua vida com a sobirana (no solament política, sinó personal, del seu dia rere dia), detall que podríem enllaçar amb quan Erasme de Rotterdam, en 1513, recomana a qui, en eixe moment, era príncep, que no menyspreàs ningú, puix que això podria ser motiu de venjança per part de l’afectat i, àdhuc, de perdre una guerra.

Aquest signe del relat explica que “Les princeses i les reines, en els contes tradicionals, són personatges que no han de buscar la subsistència, sinó que els és donada des del bressol. Gestionar, però, el do de l’abundància de ser dona, de la sobirania sobre la pròpia persona i aprendre la llibertat requereix, sense dubte, entrar en l’òrbita de la llengua materna (…). Aquesta princesa (…) confia en l’autoritat materna i diu la veritat (…) i això és el que la farà reina, sobirana del seu destí i de la seua persona, creadora de vida i transcendència amb el príncep, simbòlicament, parlant, és clar” (p. 27).

Tocant als mots que hem escrit en el paràgraf anterior, direm que, bé en les contarelles, bé en la realitat, la fertilitat (de la terra, de les collites, de la fecunditat humana, de moments de prosperitat…), no és estranya a la política que fan els alts càrrecs, començant pel cap d’estat (i, si ens referim a una família, a la de qui té la darrera paraula, en els Pobles matriarcalistes, quasi sempre, la mare o bé la dona): benignitat i bonança, bondat i alta natalitat i bon viure van lligats, són com dues baules seguides d’una mateixa cadena.

Altrament, podem agregar que els superiors tenen una influència capital (terme de la rama del mot “cap”, com a part més important del cos), com ho reflecteix la cultura tradicional, mitjançant dites com una present en moltes rondalles mallorquines arreplegades per Antoni Ma. Alcover (1862-1932) i que encara havien oït valencians de l’Horta de València en el 2017: “Paraula de Rei no pot mentir”. I una altra que comentí una vegada amb Pere Riutort, a qui diguí que em feia l’efecte que els votants tendeixen molt a seguir la línia d’actuació i de pensament del cap de la candidatura política que voten, fet que acceptà com dient que era una realitat: “Del color del Rei, se tinyen els vassalls”.

Per això, la reina accepta la jove i la considera una dona franca, fins i tot, amb el poble senzill (el cigró).

Una altra contalla amb una sinceritat ben estimada és “La flor del girablau”, en què una velleta capeix que el germà petit diu la veritat i, “per això, li atorga el do de trobar la flor del girablau” (p. 27); i la Mare Terra, empeltada amb la flor (evocació de la vida que revifa en la primavera, estació de l’esperança i de la infantesa), “acull al seu si un dels seus fills (…). La mare (…) autoritza el seu fill mort a dir la veritat al món i, així, es com torna a la vida” (p. 27). Mentres escrivia aquestes paraules, el 16 de març del 2026, em vingué al pensament un refrany que podria ser en nexe amb aquest retorn acompanyat de parlar amb el cor en la mà: “Infants i orats diuen la veritat”. 

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Sexualitat matriarcal, dones que porten la iniciativa, ben considerades i sinceres

Un altre poema que figura en l’obra “Poesia eròtica catalana del segle XX”, a cura de Josep Ma. Sala-Valldaura, i en què es plasma el matriarcalisme, per exemple, en què la dona porta la iniciativa i amb el simbolisme, és “Cançó de les besades”, de la poetessa catalana Rosa Leveroni (1910-1985):

“El primer bes que florí,

te’n recordes?, jo el donava.

Tu em prengueres el segon

vora del riu que cantava.

I després ja començà

el rosari de besades” (p. 212).

 

En acabant, lliga el sol i la muntanya amb lo masculí i, quant a lo femení, ho fa amb els estels, amb el perfum i amb la lluna clara.

També hem considerat interessants uns versos que connecten amb la sexualitat matriarcal:

“Totes d’un encantament

que ens feia les hores calmes…” (p. 212).

 

Una altra composició en què es reflecteix la sinceritat femenina és “Per tres esclats…”, de Carles Riba (1893-1959), quan s’obri la flor:

“que fonda jeies dins el teu cos que brillava!

(…) i eres vera a la riba d’una obscura mar brava” (p. 213).

 

Per tant, una dona de bon cor (vera), al costat de l’aigua (un tret feminal) i valenta com la mar.

Ben mirat, en el poema “Xifra”, de Gabriel Ferrater, la dona, molt oberta, és qui autoritza l’home i ho fa amb bonesa, com ell li diu. Així, en plena nit,

“que em vas cridar del teu racó (…)

i em rebies, cos bondadós” (p. 218).

 

En una altra secció de l’antologia, hi ha una composició, “Deu-me una santa”, de Joan Salvat-Papasseit (1894-1924), en què es capeixen signes matriarcalistes:

“Deu-me una santa, enc que no sigui al dogma,

a qui pugui pregar, (…);

deu-me una santa que hagi estimat força,

que per pregar-li calgui un bes i una cançó” (p. 228).

 

Així, en aquestes línies, ella té la darrera paraula.

Tot seguit, la dona figura com a subministradora, com una persona receptiva a l’empelt entre ambdós i amb dolcesa:

“i era el seu tast com la més fina noia

i al coixí del seu pit hom havia el son dolç” (p. 228).

 

Cal dir que, com en molts passatges i com en moltes rondalles i, àdhuc, en comentaris que ens han fet, la dona és ben considerada:

“Aquella santa sempre bella mossa;

no havia mendicant que no li fos devot:

era tan clara, blanca, fresca i jove

com nata de primala i com un veire nou” (p. 228).

 

Finalment, direm que fa esment d’una primala (potser d’un cabra, animal vinculat amb la maternitat) i amb el veire (un vas per a beure, això és, amb un recipient associat a la dona).

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Jaume Ramon i Vidales, bonesa i sentiment de pertinença a la terra

Escrits plasmats en el llibre «Poblet. Narracions, tradicions i llegendes», de Jaume Ramon i Vidales (1846-1890).

Tot seguit, passem a l’obra “Poblet. Narracions, tradicions i llegendes”, de Jaume Ramon i Vidales, editada en 1910 en Barcelona, per la Biblioteca Popular de «L’Avenç” i que trobàrem en Internet el 14 de desembre del 2024 en l’entrada “Poblet (Ramon i Vidales) – Viquitexts (https://ca.wikisource.org/wiki/Poblet_(Ramon_i_Vidales). Primerament, direm que no és un treball de rondallística (encara que inclou contarelles i llegendes), sinó una mena de recull de la vida de l’historiador esmentat i, ben mirat, del seu sentiment de pertinença a la terra, recopilació que comença amb detalls de la seua vida i d’algunes de les seues relacions amb altres persones interessades per la cultura catalana de l’època.

Així, Jaume Ramon i Vidales havia nascut en el Vendrell (una vila catalana del Baix Penedès) i, com indica Lluís Via en el prefaci, “era un bon company dels Pelagi Briz, Bertran i Bros, Guimerà, Matheu i tants altres que, (…) per l’entusiasme dels quals, s’ha rejovenit Catalunya i, en les quals obres, com en font inestroncable, els joves d’avui s’han assadollat d’ideals” (p. 5).

Un poc després, l’amic (qui ja ho era sis anys arrere) posa trets de la manera de ser de l’autor: “Vull que el meu homenatge a l’escriptor i a l’amic sigui breu, sigui exempt de gales retòriques i, així, em semblarà més digne d’ell, que era tot senzillesa i sinceritat. (…) sa perícia professional, sa honradesa exemplar i sos treballs d’investigació històrica comarcana han perpetuat son nom en la pila del Vendrell, on nasqué, i, en molta extensió, a l’entorn” (pp. 5-6).

Agregarem que lliga l’historiador amb Àngel Guimèrà, un escriptor, polític i autor d’obres teatrals català (1845-1924):”fou qui primer conegué i estimulà les grans facultats de l’avui cèlebre dramaturg” (p. 6) i passa al seu vincle amb la terra: “en Jaume Ramon era, a més, un mirall de bons costums, un d’aquells homes que, bo i exercint llur professió, fan honor a totes les causes que defensen. Així s’havia guanyat l’afecte dels veïns del Vendrell i de gairebé tot el Baix Penedès, que el sabien un excel·lent pare i un amic de cor gran (…). Profund coneixedor de la gent de sa terra, els quals costums havia estudiat en remarcables articles (…) i exquisit glosador d’aquelles anècdotes i tradicions que millor revelen i més escaient fan la fesomia d’un poble” (p. 7).

A banda, Lluís Via afig que l’amic havia guanyat un premi en els Jocs Florals de Barcelona de 1896, amb part d’aquestes “Tradicions de Poblet” i, altrament, ens informa que “Era un home modest, d’aquells que fan més adeptes amb l’exemple que amb les prèdiques. (…) en Ramon sabia convèncer amb sa sola conducta, sempre plena de lògica, sempre conseqüent amb son caràcter bondadós com pocs n’hi hagi. (…) Mai va renyar-me perquè jo conreés en aquells temps, amb rutinària predilecció, la llengua castellana: ben al contrari. Mes el seu exemple feia insensiblement desvetllar-se en mi l’esperit català que no mor mai” (p. 8).

Finalment, aquest pròleg és rematat amb una qüestió amb resposta: “¿Què els fa, als arbres i a les plantes del camp, el que nosaltres no admirem llur bellesa, si aprofitem llurs fruits?

Aquest era en Jaume Ramon” (p. 9). Per tant, hi ha un empelt ben manifest entre el folklorista i la terra, això és, amb la mare.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Rondalles en pro de la maternitat, de la bonesa i amb dones que menen

Una altra narració en què copsem temes com la maternitat i fer costat la bonesa, és “El merlot i la guineu”, recollida en l’obra “El rondallari català”, del folklorista de Collbató. Així, un dia, un merlot cantava dalt d’una alzina i, en veure’l la guilla, ella li demana el motiu i el conegut li respon:

“-Tinc cinc merloquins, la cosa més formosa.

-Ah, sí? -va fer la guineu-; ensenya-me’ls.

Diu:

-No: massa te me’ls menjaries” (p. 204).

Per això, la rabosa espera el moment i, en adonar-se que l’ocell dorm, s’atansa al niu i se’ls menja.

Com podem veure, la maternitat és lo més preat pel merloquí i l’altre personatge del relat tracta de derruir el projecte de l’aucell.

Més avant, el merloquí se’n va a la guineu, li demana explicacions de la menja i ella la refusa forta i ferma. Aleshores, l’au li fa una proposta:
“-Doncs, si vols que et cregui, m’ho has de jurar a les dents d’un gos mort.

-Prou… ¿A on en saps un? Ei! Que sigui ben mort!” (p. 204).

Posteriorment, l’ocell aconsegueix que la guilla s’acoste a un torrent en què el cànid, en defensa del bon cor del merloquí, es farà amb la rabosa i, “Després, gos i merlot van fer la seva via i sempre més van ser amics” (p. 206).

Una altra contarella amb la rabosa, arreplegada per Pau Bertran i Bros, i en què captem la força de les dones junt amb la seua facilitat per a respondre en grup i amb molta espenta, és “La guineu i el gall”, la qual figura en el mateix llibre: “Una vegada, la guineu va entrar al galliner d’una casa de pagès i ella, com que el gall era la peça més grossa, pega morrada al gall i se l’endú” (p. 209). Passa que aquesta estratègia, per a tractar de fer caure tot l’aviram després d’haver mort el més estimat del grup, no qualla: “Les gallines, de seguida, es van esvalotar i les dones de la casa ho van sentir: surten i, veient que la guineu se n’emportava el gall a la boca, comencen a cridar:

-¡A la guilla!, ¡que se n’emporta el nostre gall! ¡A la guilla!” (p. 209). Així, encara que el gall represente la part masculina, les dones no hi renuncien, sinó que fan via en pro de tots els membres del veïnat.

Llavors, el gall, deixondit, diu a la rabosa:

“-¿Que et criden, açò, aquelles? Respon que som teu i callaran.

Ella que ho fa. Deixa el gall a terra i crida:

-¡El gall és meu!

Però el gall, així que es va veure llibert, pega volada a dalt d’un pi i canta:

-¡Doncs ja no som teu!” (p. 209).

Per consegüent, entre el moviment feminal i la proposta eixerida del gall (l’home, l’únic de la narració), el conjunt de persones salva els animals que tenien en l’indret.

Una rondalla amb moltes semblances amb altres (però, ací, amb dos porcs, en lloc de dues truges o bacones que s’alliberen d’un llop) és “El llop i els dos marrans” (p. 210), recopilada en “El rondallari català” de Pau Bertran i Bros (1853-1891). El llop, en estiu (estació masculina) fa un pacte amb dos marrans i, quan aplega la tardor (estació femenina) i els veu més grassos, els demana qui dels dos s’ha de menjar.

Els dos porcs li exposen la seua idea: ells dos, a un costat; el llop, enmig. Un poc després, la candidesa del llop fa que l’esclafen entremig de les seues banyes.

Afegiré que, de bon principi, he pensat que aquest relat podria haver partit d’u en què apareixerien dues bacones (o dues truges). En qualsevol cas, guanya la part eixerida (ací, els marrans) i, altra vegada, es reflecteix un llop més aïna passiu.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.