Arxiu de la categoria: General

Dª Antonia Martínez, matriarcalisme, emprenedores, bonesa i filantropia

Dones organitzadores, amb molta iniciativa i amb molta espenta.

Ací parlarem sobre dones organitzadores i, igualment, amb molta espenta. Direm que, el 4 d’octubre del 2020, Jose V. Sanchis Pastor, mitjançant un missatge, em comentà (per a ampliar la informació sobre dones amb molta iniciativa i, en línia amb lo que tractem), que Juan Antonio Boluda, vinculat amb l’Ajuntament de Benigànim, “va fer un article molt interessant sobre ‘Doña’ Antonia Martínez, una dona de València que va beneficiar molt Benigànim i la festa de la Beata Inés.

Pot interessar-te també com a exemple de matriarca”.
Un poc després, li posí que “la cosa, en bona mesura, va en eixe seny”. Aleshores, ell m’afegí: “Pots demanar també per Leonor Ortiz. Dona riquíssima que va fundar un asil, ací, a la vila. Tots els pobres que anaren al soterrar, cobraren el jornal del dia sencer…”. En escriure, aquestes frases, en aquest estudi, l’11 d’octubre del 2020, lo primer que m’eixí fou “Impressionant”. En acabant, plasmarem part de l’escrit que figurava l’11 d’octubre del 2020 en el mur de Facebook “Beata Inés de Benigànim”, amb un escrit extens encapçalat pel títol “Dª ANTONIA MARTINEZ ‘La Millonaria’ y su devoción a la Beata”, i redactat per Juan Antonio Boluda, el qual, entre d’altres coses (i amb lleugers retocs), diu així:  

“Transcurría la multitudinaria procesión de la Beata Inés que cada 21 de enero congrega a miles de devotos no solo de Benigànim, sino de toda la Comunidad Valenciana. Yo era uno de ellos, este año[1], por motivos de trabajo, acompañaba a los reporteros de un medio de comunicación que habían llegado a Benigànim para hacerse eco de la fiesta, me había comprometido con ellos que los guiaría y les explicaría todo aquello que quisieran saber, pensando que yo lo podría saber todo. 

Ni mucho menos, ese mismo día me llevé una sorpresa cuando una vecina de Benigànim, persona a la que yo le tengo mucho afecto, me dice con esa expresión que nos caracteriza ‘¡Que poca vergüenza!, ¿mira que nadie acordarse de esta señora que tanto ha hecho por esta fiesta?’. Nos miramos sorprendidos, como queriendo decir: ‘Esta mujer, ¿qué dice? Si, la Millonaria…’, insistía ella, Dª Antonia Martínez. Me quedé pensativo, ‘Es verdad’, dije yo, si que había oído hablar de la Millonaria, que era una mujer muy devota, que le había tocado la lotería…

 Esa persona era la Tia Pepica, conocida como ‘La Muda’, y le prometí que escribiría un artículo para el programa de fiestas del año siguiente y que la recordaríamos. Quedé con ella para que me pusiera un poco en antecedentes y, en una agradable conversación, me contó algunas cosas del personaje”.

Tot seguit, Juan Antonio Boluda afig que, segons ell (i hi estic totalment d’acord), “Pienso que son historias que los mayores deben recordar y los jóvenes debemos conocer”. Per això, addueix que “Allá fui y me puse a preguntar y a recoger información. La verdad es que, cuanto más preguntaba, más interesante y más justo me parecía recordar la vida y la relación de esta personalidad con el pueblo de Benigànim. Me sorprende la popularidad y la admiración con la que todo el mundo al que yo consultaba me hablaba de aquella señora de Valencia que venía a la Beata y que le había tocado la lotería. Coinciden en lo mismo ‘Era una gran persona’ y, a todos, despierta recuerdos entrañables, destacando su generosidad con este pueblo y su Beata. 

Lo primero que llega a mis manos de ella es una fotografía, en una de sus innumerables visitas al asilo de ‘Las Hermanitas de los pobres’ de Benigànim, con las monjitas, ante una suculenta paella y rodeada de mucha gente. Veo que es una persona de presencia importante, de constitución grande, solidaria, emprendedora, decidida y, según me cuentan, profundamente creyente[2].

Era el año 1952, la economía española estaba cerca de una fallida técnica, era época de hambre, fue el año que se suprimieron las cartillas de racionamiento, se establece la libertad de precios, comercio y la circulación de productos alimentarios. 

(…) Dª Antonia Martínez Segura, viuda del Industrial Gabriel Mari Montañana, era propietaria de una empresa de fogones de petróleo a la calle Azcárraga de Valencia, una esmaltería situada a la calle Torres de la misma capital y un taller de sartenes en Mislata. Esa fue la herencia acogida de su marido, que había fallecido muy joven junto a cinco hijos que llevar adelante: Gabriel, Pepe, Antonio, Vicente y Carmen. Los negocios no pasaban por buenos momentos, a su cargo tenía a setenta operarios que iban a quedarse sin trabajo; luchadora y defensora de los trabajadores, intentó, por todos los medios y con mucho coraje, que eso no fuese así.

Como persona creyente, era asidua a la Catedral de Valencia. Allí visitaba con mucha frecuencia a esa monjita que está en un altar, la Beata Josefa de Santa Inés de Benigànim, de la que era muy devota y a la que le tenía muchísima fe. Pedía fervorosamente por su situación y la de sus empleados. 

Recurriendo tentar a la suerte y en uso de su devoción, pidió a la Beateta de Benigànim que les tocara la lotería, un número entero que había comprado para Navidad, y que había repartido entre sus trabajadores a cada uno en proporción al sueldo que tenía, el resto se lo quedó ella. La sorpresa fue tremenda: el gordo de la lotería de Navidad de aquel año fue para ese número. A partir de ahí, comenzó la relación de Dª Antonia Martínez con el pueblo de Benigànim y su Beata Inés. 

Días después, vino a Benigànim a dar las gracias a la Beata Inés un autobús con todos sus trabajadores.

(…) El Alcalde de Benigànim era el querido y recordado Don Vicente Boluda Palop, que hizo, con mucha caballerosidad, de perfecto anfitrión ante la comitiva y, a partir de ahí, se estableció un entrañable vínculo de amistad entre la familia de éste y la de Dª Antonia, a la que acompañaba y recibía en todas sus innumerables visitas. Benigànim era un pueblo de labradores que, poco a poco, iba creciendo gracias a las industrias del vidrio, madera, alpargatas y el textil. Pequeño, alegre y festero, en aquellos tiempos, en el mes de enero, se celebraba de manera esplendorosa la fiesta de San Antonio Abad, era una de los festejos más grandes. A la fiesta en honor a la Beata Inés, se hacía el solemne novenario al que cada año acudían a predicar oradores de mucha solera como Don Enrique Albiol, Don Juan Benavent, el Padre Salvador…. y el día 21 de enero se hacía pasacalle con ‘trons’, Misa Comunión y la Misa Mayor, más que nada, para los devotos que venían de fuera. 

(…)  Dª Antonia Martínez, con su bondad, sentía que tenía mucho que agradecer a la Beata Inés y, no solo a ella, sino a todo el que le rodeaba como su pueblo Benigànim, y así lo hacía adquiriendo compromisos con la parroquia, las Monjas Agustinas Descalzas y los más necesitados, convirtiéndose en una auténtica embajadora. La gente recuerda cuando venía siempre rodeada de personalidades, sobre todo, a la procesión. 

La imagen y las andas que actualmente recorren las calles de Benigànim de la Beata con el Ángel obra del escultor Don Carmelo Vicent y a la que todos veneramos, fue una donación de Dª Antonia Martínez.

 (…) Que la imagen pertenecería a todo lo pueblo y sería conservada por el Excelentísimo Ayuntamiento de Benigànim. La donante se guardaba el derecho a que la imagen pudiere pasar a ser propiedad de la hermandad Inesina. 

(…) Aunque no he tenido la oportunidad de consultar algún documento que lo acredita, me dicen y me lo confirman las Religiosas del Convento de las Agustinas Descalzas que también la imagen de la Purísima Concepción que preside el altar mayor de la iglesia de la Beata, fue también una donación de Dª Antonia Martínez y que las pendientes de brillantes que llevaba la Purísima eran de una cuñada que vivía en Bellús y que murió de una larga enfermedad. Mucha gente del pueblo recuerda cuando, desde un balcón de la casa de la familia Mataix situada a la Plaza de la Beata, en un baño de multitud, junto al Alcalde D. Vicente Boluda, se leyó el acta de donación de la imagen. También donó una campana.

Transcurrían los años y Dª Antonia Martínez continuaba visitando Benigànim, no fallaba nunca en los días más señalados, Navidad y Reyes, el día de la Madre…, visitas que siempre eran gratas. Era querida y conocida por la gente del pueblo, de forma cariñosa, como ‘La Millonaria’.

Estaba pendiente de todas las necesidades del pueblo y numerosos los donativos y las donaciones que hacía. Todos los 21 de enero, así como dos o tres veces al año, obsequiaba la comida en el asilo de las Hermanitas de los pobres y compartía mesa con ellos. También lo hacía en el asilo de las Hijas de la caridad, repartía juguetes para todos los niños y niñas, incluido algún año me cuentan que pagaba la banda de música para la cabalgata de los Reyes Magos. Era todo un ejemplo de caridad y bondad para el pueblo de su venerada Beata a la que tanta ayuda le había pedido y tan correspondida se había sentido.

El día 2 de enero de 1960, en una sesión de pleno ordinario (…) la nombraron hija adoptiva de la Villa Real de Benigànim en gratitud a su comportamiento con este pueblo, al que tan ligada estaba y se sentía desde hacía algunos años, a su generosidad con los más necesitados, a su fe en la Beata Inés, a la que ella impregnaba el manifiesto de su devoción allá donde iba y en todos los actos de su vida.

(…) También el pueblo de Benigànim la honró dedicándole una calle a su nombre.
El año 1967 monta una fábrica en Meliana con el nombre de VIUDA DE GABRIEL MARI MONTAÑANA, que actualmente existe con el mismo nombre, dirigida por tercera generación, o sea, por los nietos, y dedicada a la fabricación y distribución de productos bajo la marca PRÁCTIC (Chimeneas, tuberías, accesorios de baño para calefacciones, fregaderos…)”.
 

A continuació, Juan Antonio Boluda escriu: “hablo con Antonio Jorge Mari Calvo, de cincuenta y un años, nieto de Dª Antonia, hijo de Antonio, el tercero de los hijos. Me recuerda muchas cosas de su abuela: cuando era niño con ocho años, vino alguna vez a la Beata con ella; recuerda las monjitas que le daban pastelitos y caramelos, me pregunta por las Hermanitas de los pobres, me cuenta que Dª Antonia tenía un carácter fuerte y con mucha personalidad, pero tenía un corazón grandísimo, lleno de bondad y generosidad, que la vida de su familia estaba marcada con mucho orgullo por un sistema social con el que prevalecía la línea materna como autoridad, es decir, era una autentica Matriarca, y su recuerdo estaba muy presente en la vida de toda la familia”

I, finalment, Juan Antonio Boluda, entre d’altres coses, indica que “Hoy, más de cincuenta años después, creo que es justo hacer una pequeña conmemoración y, con lo poquito que he podido plasmar en este breve homenaje, espero haber despertado un recuerdo entrañable entre la gente que la conoció y vivió alguno de estos acontecimientos. Entre los que no, haber aportado alguna cosa más a la historia de nuestro pueblo y de la fiesta de la Beata”. 

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

 

Notes: 

[1] Aquesta entrada de Facebook és del 9 de març del 2017.

[2] El remarcat és meu i, ho faig, entre d’altres coses, per a veure que coincideix amb unes línies que escriu Manuel Sanchis Guarner (en el llibre “La llengua dels valencians”), quan comenta que, en el segle XVIII, la gran majoria dels valencians eren molt religiosos com també quan, un amic meu, autor del llibret “’La Abuela Damiana’. Vivències que perduren”, escriu que l’àvia Damiana, matriarca de la cultura colla en el nord de Xile, és ”una dona minera, del Poble dels Colla, natural de l’altiplà andí, de costums i vida propis, d’organització matriarcal i molt religiós” (p. 3) i que, “Per al poble colla, la matriarca és l’autoritat, tant civil com religiosa i, fins i tot, la judicial” (p. 4).

Un fet semblant el trobem en el llibre “Cuentos valencianos”, de Vicente Blasco Ibáñez, quan, en el relat “La cencerrada”, diu que “Marieta (…) se metió en el estudio siguiendo a su marido.

Ahora se fijaba en aquella habitación, la mejor de las casas, con su sillería de Vitoria, las paredes cubiertas de cromos religiosos con apagadas lamparillas al frente (…)

Sobre la ventruda cómoda (…) elevábase una enorme urna llena de santos” (p. 54).

El matriarcalisme autòcton català, les tradicions i la llengua catalana

Després d’haver tractat prou el tema de lo matriarcal (i, fins i tot, d’haver-hi rebut escrits en Facebook per part d’amics meus), gose dir que el matriarcalisme de la nostra cultura, com molt bé es reflecteix en l’actitud de polítics catalans favorables al dret a decidir per part del Poble català i també del dret a l’autodeterminació de totes les persones i dels catalans, s’ajusta a lo que Joan Costa i Bou, en el seu llibre “Nació i Nacionalismes. Una reflexió en el marc del Magisteri pontifici contemporani” (http://mnjoancosta.net/Llibres/NacioNacionalismes.pdf), editat per M&M Euroeditors junt amb la Facultat de Teologia de Catalunya en el 2000, qualifica com “Nacionalisme natural”, u dels que inclou entre els “nacionalismes positius”, això és, “aquell nacionalisme que brolla de les realitats espirituals sentimentals i justes dels ciutadans a partir de les arrels, valors i drets històrics de llur nacionalitat. Es distingeix pel fet que les seves expressions o manifestacions són honestes, ordenades i positives a l’interior de la seva pròpia nació i, en relació amb altres nacions o nacionalismes, les seves formulacions o accions són obertes, dialogants i cooperatives, ben lluny d’ésser exacerbades, injustes, prepotents o agressives” (p. 66). 

Cal dir que, al meu coneixement, u d’aquests camins per a aquesta reconducció “del Poble i amb el suport dels governants i de més persones” podria venir, molt bé, partint d’un fet que plasma David Algarra en l’obra “El Comú català” quan parla sobre el primer terç del segle XX, perquè, en el món rural, “la pagesia demanava una solució mixta entre la propietat familiar i el treball col·lectiu, mentre els anarquistes, durant el Congrés de la Comèdia de 1919, es van oposar a la parcel·lació de la terra (…) i a qualsevol acte de caràcter individual o familiar. Com hem vist durant aquest treball, la societat popular rural tradicional catalana portava al seu si tant la propietat familiar com els béns compartits pel comú” (p. 258).

No ens trobem, doncs, amb una nació en què la vida es veja en seny col·lectivista, sinó en què la família juga un paper essencial i, al mateix temps, l’obertura cap als altres, reflectida, en lo més pròxim, mitjançant el comú. O siga que tractem d’uns Pobles en què, com escriu David Algarra, “El costum és molt més dinàmic del que ens sembla, molt més que la rígida idea actual de propietat individual i exclusiva, protegida per les lleis estatals. D’altra banda, veiem que les relacions econòmiques en aquestes comunitats no estaven separades de la resta de manifestacions humanes, incloent-hi la moral i els valors intangibles” (p 258).

A més, en nexe amb el cristianisme que desprén Joan Pau II, per exemple, amb la “Carta a les Famílies” (de 1994 i, ací, treta del llibre “Nació i Nacionalismes”, de Joan Costa), entenem que, una manera molt eficient de menar (més aïna, entesa com a propagació d’una idea, d’un model, que no en la d’una imposició unida a aquesta expansió), partiria del fet que “Els pares engendren els fills, en un cert sentit, també per a la nació, a fi que en siguin membres i que participin del seu patrimoni històric i cultural. Des del principi, la identitat de la família es va delineant[1] d’alguna manera sobre la base de la identitat de la nació a la qual pertanyen.

La família, en participar del patrimoni cultural de la nació, contribueix a la sobirania específica que deriva de la cultura i llengua pròpies” (p. 142).

Altrament, com exposa Joan Costa, el papa, al capdavall, afirma que “Una nació veritablement sobirana i espiritualment forta és formada sempre per famílies fortes, conscients de la seva vocació i de la seva missió en la història” (p. 143).

Per això, podem dir que el fet de sentir-nos Poble i, alhora, d’obrir-nos cap a lo universal i amb acull de lo maternal, a anar avant (però respectant el passat i lo tel·lúric) i cap a la solidaritat amb persones d’altres països i cultures (però que viuen junt amb nosaltres i tot i que respecten el matriarcalisme autòcton), són una mostra més que molts de nosaltres ho concebem no sols com una manera de patrocini de la nostra cultura, ans al contrari, com un acte que té lloc perquè som receptius i perquè ens movem amb bon cor, amb dinamisme i perquè comptem amb la valença de moltes persones que també comparteixen les mateixes inquietuds i punts de vista semblants i amb molts trets en comú, com sol ocórrer entre molts amics meus (del País Valencià, de Catalunya i de les Illes Balears) i jo.

Per consegüent, en aquest procés de redreçament maternal i de la terra, partim del principi que això comporta, clarament, que, com llegim en el document “Arrels cristianes de Catalunya” (elaborat pels bisbes de les terres catalanes i que figura en el llibre “Nació i Nacionalismes”), “els drets i els valors culturals de les minories ètniques dins un Estat, dels pobles i de les nacions o nacionalitats han de ser respectats i, fins i tot, promoguts pels Estats, els quals de cap manera no poden, segons dret i justícia, perseguir-los, destruir-los o assimilar-los a una altra cultura majoritària” (p. 171). Puc dir que sí que són molts els catalans que sí que estan a favor del dret a la independència dels catalans, com també molts els valencians que, segons una enquesta de la primavera del 2020, prioritzen un estat, en lloc de tornar a temps de dictadures o d’apostar per un estat més centralitzat.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

 

Nota: [1] Traçar, dibuixar, formar.

Viles agraïdes, dones fortes i comerciants i hòmens que tornen a la terra

Una altra contarella compilada en l’esmentat recull, i en què hi ha trets matriarcalistes, és “Un món de bovos”. Un home es casa amb una dona pàmfila i “El primer menjar que va fer al seu home va ser arròs. Quan el marit es va acabar el plat, la dona li’l va tornar a omplir, al mateix temps que li deia:

-Menja, que encara en resta més! (…) Va, que encara n’hi ha més!

-Xe, xicona: (…) ¿quant d’arròs has fet?

-Eh… Tota la barcella que vas comprar” (p. 388).

Així, la dona fa el paper de subministradora, com si fos la marona que alleta el nen.

Un poc després, l’home decideix anar-se’n pel món i, més avant, “va aplegar a una vila i va veure-hi bona cosa de gent a l’entrada de l’església, tots esperant-se i mig plorant” (p. 388). Llavors, ell els fa valença i li responen “Perquè la núvia és molt alta i no podem entrar-la dins de l’església” (p. 388).

En rebre la recompensa (“Van arreplegar entre tots els presents els diners i li’ls van donar”, p. 388), diu a la fadrina que incline un poc el cap i, així, ella hi entra i es pogué celebrar l’acte. Cal dir que el pagament ha resultat de la contribució de cada u, un detall que lliga amb el matriarcalisme.

Ja fora d’aquest indret, emprén cap a una altra vila, en què ell els diu que, quan oiran un pollastre, serà senyal que ix el sol.

“En acabant, se’n va anar a un altre lloc a cercar gent un poc més ‘desperta’” (p. 389) i, en arribar a una altra vila (la darrera que ell decideix visitar), li comenten que els habitants, “per posar-nos els pantalons, ens hem de tirar de dalt de l’armari, mentre les nostres dones ens els aguanten en l’aire. Com que no sempre caiem bé, per això, estem tots mig alatrencats” (p. 390). En altres mots, aquest fragment trau signes simbòlics interessants: l’home és associat a lo celestial (és dalt), mentres que la muller toca els peus en terra i, ben mirat, és forta i ajuda el marit. Agregarem que les solucions són en el sòl, en lo tel·lúric i, per a assolir-les, els hòmens hi davallen i les dones els reben.

Posteriorment, ell els explica com han de posar-se els calçons i tria per tornar-se’n a casa i, quan hi aplega, capim un altre detall en línia amb la tradició catalana vernacla: “la dona li va demanar:

-Per què has tornat?

I ell, amb cara de certa resignació, li va respondre:

-Perquè encara hi ha pel món gent més ignorant (…). Pren, diners, i compra una altra barcella d’arròs!” (p. 390).

Per consegüent, com en el cas de la gran majoria de les dones catalanoparlants d’arrels catalanoparlants nascudes abans de 1920, el marit porta els cabals a casa, la muller els administra i, fins i tot, ell menjarà l’arròs que l’esposa considerarà més adient i, així, ella farà el paper de comerciant.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Viles agraïdes, que acullen, hòmens faeners i pacients i dones que aconsellen

Una altra narració que figura en l’antologia “Rondalles populars valencianes”, a càrrec de Rafael Beltran, i en què es plasmen detalls matriarcals, és “La filla que no sabia fer res”. “Açò era un matrimoni que tenia una filla que no sabia fer res de res. Un dia va anar un home que volia casar-se amb ella. Els pares, que coneixien la seua filla molt bé, li van dir:

-No, perquè, si et cases amb ella, amb una pallissa de bastó, la mataràs.

-No patisca, que no la tocaré. Ja veuran com tot s’arregla. Tranquils.

Les paraules del futur gendre van convéncer els qui anaven per a sogres, que van accedir finalment que es casara la seua filla amb ell” (p. 379). Així, 1) la dona és ben tractada i 2) l’aprovació ve de la família de la núvia, no de la del nuvi.

Ja casats, l’home veu que la dona “ni s’immutava” (p. 379), s’atansa al gos i al gat i, a banda de repartir-los els papers (guardar la casa i caçar rates i ratolins), els amolla una frase que s’ajusta a la tradició vernacla: “Ací, en aquesta casa, qui no treballa, no menja!” (p. 379).

Passa que, com que la muller continuava amb la seua gossera, el marit opta per recórrer món: “Caminant caminant, va aplegar a una vila on tota la gent era concentrada a la plaça, gitada per terra” (p. 380) i, així, lligats a la terra. Un poc després, una dona és qui li explica què feien en aquell indret (i, per consegüent, com en moltes rondalles, un personatge femení és qui rep un pelegrí o bé un home).

Com que ell fa que es lleven tots de terra, la gent “li va donar un bon grapat de diners” (p. 380).

Tot seguit, se’n va cap a una altra vila i “Una de les veïnes, qui, en aquell moment, va passar prop d’ell, li va dir:

-Es que, allà, dalt del campanar, hi ha un gat que diu que no n’ha de viure ningú, que no n’ha de viure ningú.

(…) L’home, que va veure de què es tractava i que podia guanyar-se alguns diners, com a la vila del costat, els va demanar (…) i va agafar el pobre gat” (pp. 380-381) i els veïns li ho agraïren, àdhuc, amb una recompensa.

En nexe amb el gat, afegirem que, en més d’un relat, és associat a la dona i, així, ella és ben considerada (dalt del campanar, molt sovint, l’edifici més alt de les viles i de les ciutats, llevat que, com ara, ho fos, per exemple, un castell o bé un palau), però baixa a on és la gent, a terra.

A continuació, el marit decideix tornar-se’n a sa casa. Quan hi va aplegar, veu que la muller era embarcada dins d’un cossi d’aigua (un signe receptiu) i, com que ell li amolla que, qui no fa faena, no menja, “Les veïnes, que tot ho sabien i que tot ho veien, deien a la dona:

-Ara, quan vinga el teu home, agranes casa, omplis els cànters, fas el dinar… i veuràs que content que es posa”.

Els consells de les veïnes, per un costat, i que l’home no li donava menjar, per un altre, (…) la dona es va posar a fer les faenes de la casa, procurant fer-ho el millor que sabia i que podia” (p. 381). O siga que, entre d’altres coses, hi ha aplec femení i ella es guia molt per lo que les veïnes li han dit.

Al capdavall, “Passat un temps, els pares d’ella van decidir anar a fer-li la visita” (p. 382) i ella els trau la frase que, com si fos un lema, li deia l’espòs i, immediatament, tant els parents com la filla, es posen a fer faena. Tot i això, com posa al final, “Els pares s’adonaren ràpidament que la seua filla encara (…) li faltava molt per aprendre (…).

Pel que fa al seu home, es va haver de carregar de paciència i de resignació i hagué d’acontentar-se” (p. 382) amb la muller, en compte d’assajar a trobar-ne alguna que la substituís.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Vos ensenyaven jocs amb el paper de la dona

Bon dia,

Les vostres àvies (o padrines) o bé les vostres mares, si havien nascut abans de 1920, ¿vos ensenyaven jocs amb el paper de la dona, en què es captava que el paper de la dona era determinant? Gràcies.

Podeu trobar més informació en la web «Malandia» (https://malandia.cat). A mesura que ens reporten, ho afegiré en una entrada nova en la web amb un títol en línia amb la qüestió.

El meu compte en Twitter és «Lluís Barberà i Guillem».

Avant les atxes.

Una forta abraçada,

Lluís Barberà i Guillem

****

Quant a missatges, el 19 de juny del 2026 comentaren «No» (Àngels Sanas Corcoy), «No» (Lurdes Gaspar), «No. A casa, no eren massa tradicionals. Cada un tenia la seva veu i discutia els pros i els contres de cada situació. No es comptava ni l’edat, ni el sexe» (Maria Dolors Sala Torras), «No. La realitat s’imposava sola, de manera tradicional. La dona, a casa i a cuidar fills i marit. Tot i que la iaia paterna Carme tenia una botiga petita de queviures i quatre fills, tots nois» (Nuri Coromina Ferrer), «Jo crec que no. Almenys, a casa nostra: ja sabíem el que havíem de fer. No era normal veure un xiquet jugar a les cuinetes i les xiquetes al buli-dali…» (Júlia Aixut Torres, nascuda en 1933), a qui escriguérem que «Hi ha jocs valencians arreplegats abans de 1947 que són mixts i en què la dona, fins i tot, fa de cap de colla (‘de mare’)»«No jo recordo. Hi havia igualtat i tolerància. Per sort!!!» (Roser Canals Costa), «Sí: m’ensenyava a jugar amb el paper de dona» (Rosó Garcia Clotet), «No, però em va ensenyar a dibuixar sense aquesta intenció. Del paper de la dona, ja deia que ho aprendria, com va fer ella quan es va casar. Era una dona independent» (M Pilar Fillat Bafalluy), «Sí. Algun» (Àngels Benaiges Martí), «I tant! Jugàvem a mares i filles. I en compraven nines i l’escura. A mi, no m’agradava gens jugar a això i me n’anava a jugar amb els xiquets a futbol…

Fins i tot, el meu pare em va comprar un baló. El meu pare m’ho consentia tot. Era un home molt avançat a la seua època» (Reme Canet), a qui posí que «Jo, amb deu anys, tenia una cuina i ma mare ho aprovava»«No» (Lydia Quera), «A casa meva, el paper de la dona era primordial. Manava la meva àvia, però no es parlava del tema» (Angelina Santacana Casals), «No» (Anna Babra), «No» (Carmen Mahiques Mahiques), «I tant!» (Josefina Moya Martínez).

Finalment, ma mare (nascuda en 1943), el 19 de juny del 2026, per telèfon, enllaçant amb els mots de Reme Canet, em digué que jo, quan era xiquet, jugava amb una cuina «I m’empastraves amb oli mitja cuina. Cassoletes, paelletes, platerets… d’alumini».

Agraesc la generositat de les persones esmentades.

Una forta abraçada.

Hòmens creatius, dones que administren i senzillesa

Continuant amb la contalla de Toni Cambrot i Pepa les Cols, el marit, “Camina que caminaràs, arribà a una vila” (p. 376) on hi havia vells i jóvens forts i garrits i ell els ensenya quina és la cama dreta i quina n’és l’esquerra. Així, ni la vellesa, ni la fortalesa, ni la galania van necessàriament associades al fet que les persones prenguen decisions adients.

En anar-se’n, fa camí amb intenció d’aprendre: “I encara diu la meua dona que sóc embeulat! (…) Me n’aniré a una altra vila a veure si aprenc alguna cosa!” (p. 377). En aplegar al nou indret, capeix que no entrava sol en l’església i ell “Els explicà que havien de fer uns forats, unes finestres, a les parets de l’església” (p. 377).

En acabant, “decidí posar rumb cap a una altra, per si, de veritat, aprenia alguna cosa i feia fortuna.

Se li va fer de nit abans d’arribar a la vila següent. Quan li va entrar son, va decidir arrecerar-se en una cova que trobà una mica apartada del camí” (p. 377).

En aquest paràgraf, Toni, possiblement, pel desig de fer com els qui havien triomfat fora de la vila d’on provenia, tria continuar. I, a més, recorre a la dona com a sopluig, en un moment de foscor i en un racó del camí, detalls presents en moltes narracions.

A mitjan nit, s’adonà que allò era una espluga en què hi havia lladres. Ara bé, com que tots ells fugen del lloc i hi deixen els cabals, “Toni es trobà amb uns dinerets que no esperava.

(…) es tornà a posar en camí per retornar a la vila i mostrar a Pepa que els seus objectius s’havien complit i que el viatge havia resultat profitós” (p. 378).

Mentres ell regressava, la muller fa unes gestions amb un venedor deixondit, qui, “espavilat i molt destre (…), en veure l’interés de la xica per les seues mercaderies, li proposà (…).

[ Pepa, ] Feta la pensada, i amb la perspectiva de mostrar-se com una dona eixerida, respongué:

-D’acord, vos ho compre tot.

Així, que carregà el material i es dirigí (…) cap a casa. (…) Després de les abraçades i de les besades de benvinguda, ell li contà com li havia anat per eixos mons i li digué que tornava ric i espavilat” (p. 378).

Posteriorment, després de veure Toni quin ús havia fet Pepa de tot lo que ella havia comprat al comerciant i de fer uns comentaris a la muller, “Ella va abaixar el cap avergonyida. Davant l’evidència, va pensar que (…) cap geperut es veu la gepa. Escarmentada, va dir:

-Ai, Toni, quina vergonya! ¿Saps què et dic? Que deixem les coses com estaven. Romans a casa i hi guanyarem.

I és que, qui no suma, se n’ix. I, al capdavall,… qui tot ho vol, tot ho perd” (p. 379).

Cal dir que, tot i que el marit és més encertat que la dona, en copsar ell quina ha estat l’acció que ha portat Pepa com a  resultat de l’esmerç, la tracta bé, un fet que lliga amb el matriarcalisme.

Finalment, Pepa es decanta per la senzillesa, se’n baixa del ruc i accepta Toni.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Aplecs de dones i mullers que aconsellen i resolutives

Prosseguint amb narracions de caire matriarcalista que figuren en el recull “Rondalles populars valencianes”, a cura de Rafael Beltran, hi ha “Toni Cambrot i Pepa les Cols”. Primerament, direm que, en els malnoms assignats a cada personatge, hi ha part del simbolisme tradicional. Així, “cambrot” és una cambra petita i, en més d’un relat, l’home és xicotet al costat de la dona; a més, les cols són associades al tema de la maternitat (per exemple, amb el del naixement dels nens, d’on provenien, com ens han amollat moltes persones que han pres part en la recerca).

Com a mostra, Toni “era molt bon xic, tranquil i treballador, però una miqueta bajoca, mentre que la seua muller Pepa (…) era més inquieta i desimbolta i era molt envanida d’ella mateixa. Havien estat poc de temps casats i (…) ella havia pogut comprovar que el seu marit, a més de tranquil i pacífic, era una mica badoc i fàcil d’enganyar. Era d’aquells que no fan ni pols, ni remolí i, a ella, això no li agradava gens. Per la seua part, ell havia pogut comprovar que la seua dona no era fàcil d’acontentar, que era de les del morro fort i, tan bon punt trobava el moment, s’encarregava de fer-li veure qui manava a casa” (p. 376).

És més: “De vegades, ella contava a les veïnes les beneiteries del marit i els demanava consell per tal d’aconseguir que s’espavilara” (p. 376). Aquestes frases lliguen amb el costum (més habitual en les dones) de reunir-se amb intenció de resoldre un tema, detall que apareix després: “En aquestes converses de dones, en les quals es raonava de les coses d’aquest món i de les de l’altre, darrerament, havien parlat d’alguns homes que havien hagut d’eixir de la vila a causa dels seus negocis i a rodar pel món. D’ells, es contava que feien fortuna i que tornaven a la vila rics i generosos” (p. 376). Com podem capir, la fortuna és en nexe amb lo femení, puix que elles no són qui han d’emigrar de l’indret i, altrament, no ho exposen tampoc en aquestes converses, un fet significatiu. En canvi, l’home és qui ha de fer via, guanyar-se la vida en altres terres i, més avant, regressa a la mare, al punt de partida. Ben mirat, ho fan com a despresos i, potser, com a benefactors i tot.

Aquest aplec porta Pepa a traure-ho al marit (Toni), qui li ho accepta:

“-Mira, Toni: que he pensat que… saps què podries fer? Anar-te’n una temporadeta pel món i veuràs moltes coses i et trobaràs en moltes situacions diferents i, així, t’espavilaràs i… potser ens anirà millor.

Toni va reflexionar i, ben lluny de sentir-se agreujat per la proposta, pensà que no li vindria malament i va prendre una decisió, contemplant també (tot s’ha de dir) la possibilitat de no contrariar la dona, tan ressabuda que era.

-Tens raó, Pepa: així ho faré (…).

L’endemà va agafar les seues coses i començà a fer via” (p. 376).

Per tant, el narrador de la contarella considera que la dona és resolutiva, sàvia i li aprova la proposició.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Dones que proveeixen, raboseres i la sembra

“Un dia, en tornar de l’horta muntant el seu ase, Joanet va trobar en el camí un sarró de pell ple de monedes de plata. (…) Portà a la muller el sarró” (p. 374). Altra volta, l’home porta els diners a casa i la dona decideix què fer amb ells i, a més, les monedes són de color fosc (d’argent).

Igualment, ella, aquella vesprada se’n va a la cuina a fer bunyols i, en acabant, es dirigeix cap a l’estatge superior, d’on “llançà d’un en un els bunyols cap avall. En veure com queien, el babau de Joanet cridà la muller:

-Xe, dona: vine i veuràs com plouen bunyols!

Es posà a agafar-los i a menjar-se’ls. Estava més content que un xiquet amb sabates noves, puix que els bunyols li agradaven molt.

A la nit, quan Joanet dormia com un soc, la muller s’alçà del llit. Féu uns quants rasts de botifarres i els penjà a les parets del corral. L’endemà, de matí, va fer creure al marit que també havien plogut.

Joanet se n’havia d’anar aquell dia a sembrar blat a la foia. L’astuciosa dona va comprar peix abans d’acompanyar el marit cap al camp. Mentre Joanet sembrava, ella, d’amagat de l’home, escampava els peixos per terra. Aquest, en veure’ls, va exclamar:

-Ui!  Mira, xica: peixos de secà!

La dona li va donar la raó i els va arreplegar en un cabàs.

Acabada la faena, se’n van tornar a casa” (p. 374).

Per consegüent, la dona és qui proveeix el marit així com la Mare Terra ho fa als habitants i, en aquest cas, en forma d’un detall que lliga amb lo femení: la pluja. Aquesta “aigua” adobarà el terreny: cau i hi qualla. Com ara, els bunyols que fan goig a Joanet, les botifarres (menjar associat al penis) que pengen cap avall (és a dir, cap a lo tel·lúric) i, al capdavall, els peixos que romanen en la terra (de la mateixa manera que els terrestres ho fan amb la marona).

Adduirem que els papers de tots dos són ben repartides i vinculats amb desembre i amb l’època de més fred: la sembra, els peixos (com si fossen la llavor del forment) i el vespre (quan Joanet i la muller regressen a casa).

En relació amb la dona, afegirem que ella fa de comerciant i que, com moltes dones nascudes abans de 1920, acompanya l’home al camp i, després, revénen a casa.

Finalment, ella, en saber que l’algutzir fa una crida a tornar la bossa (el sarró que Joanet li havia donat), se les enginya per a no tornar-lo. Així, comenta als representants del batle:
“-Bah! I vosaltres li feu cas? El meu home és a la lluna. Mireu vosaltres quins acudits té” (p. 375) i els amolla tot lo que ell li havia dit sobre els bunyols, sobre els peixos… i, així, ella aconsegueix retenir el sarró.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

 

 

 

 

Dones senzilles, creatives, que fan de mare i que dirigeixen

Una altra contarella que figura en el llibre “Rondalles populars valencianes”, a càrrec de Rafael Beltran, i en què es plasma el matriarcalisme, és “El gripau i la rabosa”, també present en altres fonts. Així, un gripau (animal femení relacionat amb l’aigua, amb l’ombra i amb la humitat) fa una proposta a una rabosa que lliga amb les valors masculines:

“-¿Fem una cursa a veure qui corre més? D’ací, a la font: anar i tornar. Ens hi podríem jugar un cafís de blat.

-D’acord -acceptà la rabosa-. Precisament, ara anava a estirar un poc les cames” (p. 359).

Després, hi ha uns passatges d’estira i arronsa entre tots dos, per veure qui guanyarà i en què cada u diu que ell en resultarà vencedor, tot i que ella es presenta vanitosa. En qualsevol cas, el gripau trau mots sucosos i com un eixart amb el seu paper feminal i arriscat: “Perdona que et trenque el dir. Parles més que alenes. Trobe que tens moltes paraules i pocs fets. (…) espera’t una miqueta, que vaig a un lloc i, de seguida, torne” (p. 359).

En acabant, ell, davant dos amics, els explica el cas i els diu les instruccions, les quals són en nexe simbòlic amb lo matriarcalista:

“-Tu et poses vora la figuera que hi ha a mitjan camí entre l’eixida i la font. I tu et col·locaràs al costat de la font…

Els dos gripaus es van dirigir als llocs indicats sense que la rabosa s’adonàs de l’estratagema. Per la seua part, el gripau (…) regressà a l’indret on era la rabosa i digué:

-Ja sóc ací. Quan vulgues, iniciem la cursa” (p. 360).

Per tant, 1) el segon gripau empelta amb la figa, fruit que, com posa l’entrada “Figa, figuera” de l’Enciclopèdia de la Fantasia Popular Catalana”, de Joan Soler i Amigó, és “Símbol de fecunditat, per la gran quantitat de llavors que té i per la seva semblança amb el genital femení”.

En passar la guineu per on és cada u dels companys del gripau competidor, copsa que l’amic ja hi és i, en accedir a l’arribada, el vertader gripau li diu:

“-Ací sóc abans que tu. Què t’ha semblat la correguda? -li amollà l’astut gripau.

(…) [ La guineu] Mesurà el cafís de blat, que tant li havia costat d’espigolar, i el donà al gripau. Romangué amb la cara de vergonya. Abaixà el cap i se n’anà amb la cua entre les cames” (p. 360) i, així, la humilitat, la coordinació entre persones i la creativitat havien batut.

Una altra rondalla amb signes matriarcalistes, i amb els papers de l’home i de la dona ben assignats i d’acord amb la tradició catalana, és “Joanet”, arreplegada en aquesta antologia. Així, uns pares tenien un fill, Joanet, qui era molt ximple i, fins a molt avançat, quan, com aquell qui diu, ja estava en edat de casar-se. Tot i això, un dia tornen els pares a sa casa i “Joanet els assabentà, humilment, tota la peripècia. (…).

El xiquet Joanet es convertí, al cap dels anys, en un fadrí nodrit i faener fora de mida. Amb poques paraules, se’n podia dir que era una bona persona” (p. 374).

Aleshores, una dona guilopa entra en el relat i traurà suc a la bonesa i a la creativitat de Joanet: “Li va caure en gràcia una xica de la seua vila i, a poc a poc, se n’enamorà:

-Aqueixa xica fa per mi -pensava.

També la xica ho va veure amb bons ulls, puix que si, per un costat, al bon Joanet, no li sobrava seny; per l’altre, un bon patrimoni li esperava. A més d’això, ella sabria portar com cal la casa i aconsellar-lo bé, fent una excel·lent companyona. Així que es van posar a festejar i, a pocs mesos de prometatge, es van casar” (p. 374). En altres mots: la dona té bona avinença amb ell, la muller dirigeix la casa i, finalment, li farà de mare i, així, la figura maternal continuarà en la vida de Joanet, com en més d’un cas que he conegut i en què la dona, per exemple, a més d’esposa, també passa a fer les funcions de mare respecte del marit.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Fills deixondits i en un ambient matriarcal, femení i creatiu

Prosseguint amb el relat esmentat en aquest recull de rondalles valencianes, els passatges es desenvolupen, quasi sempre, de nit i, altrament, la dona (la mare de l’amo) salva el seu fill. Cal dir que la marona és en nexe amb l’arbre. Aleshores, l’home, abans d’anar-se’n a dormir, digué al xic:

«-Mira: cada volta que sentes el cant del cuquello, hauràs de posar menjar al mul” (p. 348).

Nogensmenys, com que l’al·lot no s’ho treia de les mans, decideix inventar una mentira, amb intenció de no caure ell en cap parany del propietari: “Anit (…) observí que un lladre s’escapava per la portella. Deixeu-me l’escopeta i cartutxos per si el torne a veure.

L’home (…) es cregué la mentida i li donà l’escopeta (…). A la nit, després de sopar, el Cendrós se’n pujà a la pallissa, on esperà, sense dormir, el cant de l’ocell. (…) va sentir:

-No puc, no puc!

El xic va agafar, de seguida, l’escopeta i va disparar cap a la figuereta que hi havia al corral, d’on eixia el cant estant. Llavors, de dalt de l’arbre, va caure una persona a terra” (p. 349). I, així, mor la dona i, com a resultat, l’home perd la força, puix que ella, qui era en la part més alta (o siga, la persona més ben considerada en la família del propietari), es fa miques:

“Tots dos es van acostar a l’arbre i van descobrir que no era un lladre, sinó… la mare de l’amo, la qual imitava -molt bé, per cert- el cant del cucut i, així, feia conxorxa amb el seu fill contra el Cendrós” (p. 349).

En un passatge posterior, el noi trau la seua bona traça comercial (detall que podríem enllaçar amb el fet de no haver-se deslligat de la terra) i el tractant es fa amb quasi tots els porcs (llevat d’u) i li dóna les cues de tots els que n’havia adquirit.

Un altre signe de connexió amb lo tel·lúric és quan el narrador indica que el jovenet “Estacà l’animal de manera que només ensenyava la cua i plantà les cues tallades, a la vora del riu, en terra molt molla” (p. 350) i altra volta guanya la mà a l’amo. Així, copsem aigua, al costat d’un espai fluvial, terra fàcil de llaurar i útil…

Més avant, l’home li diu que s’atanse a cal gegant (un germà seu), de qui l’informador escriu que “era més babau que manat a fer” (p. 351), tret comú en moltes contarelles vernacles, a diferència de la dona.

En aquest fragment i en els immediats en què apareixen el minyó i el tità, capim que, en la vida, és més importat ser deixondit i la creativitat que l’aspecte físic extern o, fins i tot, que ser robust.

Agregarem que, molt avançat el relat, el xic rep valença feminal: “va arribar al lloc on era el pou, va començar a fer una xanca” (p. 353), això és, a posar-hi pals. El seu enginy li farà costat al llarg de la narració. I, cap al final de la contarella, el Cendrós “aplegà al pont del riu, a la vora del qual unes dones rentaven la bugada. A la vista d’elles, ell tragué un coltell de la faixa i en donà un colp al cuiret. L’arròs se’n va eixir i es va escampar per terra. De seguida, continuà la correguda, travessant el pont” (p. 354).

Per consegüent, com en el ritu de pas, el xic s’acosta a les dones (qui fan de mare) i, quan ja considera que ha superat la prova de la seua adolescència, distribueix les llavors (fa de sembrador en desembre) i passa a l’altra banda del viaducte, és a dir, fa via cap a la seua terra.

Finalment, el Cendrós es presenta a l’amo, n’ix vencedor i, a canvi de no llevar la pell al propietari, l’home li dóna la pell de cada u dels altres germans i “ja tenim el nostre personatge entrant dins sa casa a primera hora de la nit. (…) El menut els saludà així:

-Preneu, ronyosos: el rovellat us porta la vostra pell. Ací la teniu… Vosaltres sí que sou uns cendrosos!

I, a continuació, donà els diners a sa mare” (p. 355) i, així, aquest relat evoca la figura tradicional del marit que, després de rebre el jornal, el cedeix a la dona perquè ella l’administre, un fet molt comú en famílies de dones catalanoparlants nascudes abans de 1920.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.