Arxiu d'etiquetes: bonesa

Dª Antonia Martínez, matriarcalisme, emprenedores, bonesa i filantropia

Dones organitzadores, amb molta iniciativa i amb molta espenta.

Ací parlarem sobre dones organitzadores i, igualment, amb molta espenta. Direm que, el 4 d’octubre del 2020, Jose V. Sanchis Pastor, mitjançant un missatge, em comentà (per a ampliar la informació sobre dones amb molta iniciativa i, en línia amb lo que tractem), que Juan Antonio Boluda, vinculat amb l’Ajuntament de Benigànim, “va fer un article molt interessant sobre ‘Doña’ Antonia Martínez, una dona de València que va beneficiar molt Benigànim i la festa de la Beata Inés.

Pot interessar-te també com a exemple de matriarca”.
Un poc després, li posí que “la cosa, en bona mesura, va en eixe seny”. Aleshores, ell m’afegí: “Pots demanar també per Leonor Ortiz. Dona riquíssima que va fundar un asil, ací, a la vila. Tots els pobres que anaren al soterrar, cobraren el jornal del dia sencer…”. En escriure, aquestes frases, en aquest estudi, l’11 d’octubre del 2020, lo primer que m’eixí fou “Impressionant”. En acabant, plasmarem part de l’escrit que figurava l’11 d’octubre del 2020 en el mur de Facebook “Beata Inés de Benigànim”, amb un escrit extens encapçalat pel títol “Dª ANTONIA MARTINEZ ‘La Millonaria’ y su devoción a la Beata”, i redactat per Juan Antonio Boluda, el qual, entre d’altres coses (i amb lleugers retocs), diu així:  

“Transcurría la multitudinaria procesión de la Beata Inés que cada 21 de enero congrega a miles de devotos no solo de Benigànim, sino de toda la Comunidad Valenciana. Yo era uno de ellos, este año[1], por motivos de trabajo, acompañaba a los reporteros de un medio de comunicación que habían llegado a Benigànim para hacerse eco de la fiesta, me había comprometido con ellos que los guiaría y les explicaría todo aquello que quisieran saber, pensando que yo lo podría saber todo. 

Ni mucho menos, ese mismo día me llevé una sorpresa cuando una vecina de Benigànim, persona a la que yo le tengo mucho afecto, me dice con esa expresión que nos caracteriza ‘¡Que poca vergüenza!, ¿mira que nadie acordarse de esta señora que tanto ha hecho por esta fiesta?’. Nos miramos sorprendidos, como queriendo decir: ‘Esta mujer, ¿qué dice? Si, la Millonaria…’, insistía ella, Dª Antonia Martínez. Me quedé pensativo, ‘Es verdad’, dije yo, si que había oído hablar de la Millonaria, que era una mujer muy devota, que le había tocado la lotería…

 Esa persona era la Tia Pepica, conocida como ‘La Muda’, y le prometí que escribiría un artículo para el programa de fiestas del año siguiente y que la recordaríamos. Quedé con ella para que me pusiera un poco en antecedentes y, en una agradable conversación, me contó algunas cosas del personaje”.

Tot seguit, Juan Antonio Boluda afig que, segons ell (i hi estic totalment d’acord), “Pienso que son historias que los mayores deben recordar y los jóvenes debemos conocer”. Per això, addueix que “Allá fui y me puse a preguntar y a recoger información. La verdad es que, cuanto más preguntaba, más interesante y más justo me parecía recordar la vida y la relación de esta personalidad con el pueblo de Benigànim. Me sorprende la popularidad y la admiración con la que todo el mundo al que yo consultaba me hablaba de aquella señora de Valencia que venía a la Beata y que le había tocado la lotería. Coinciden en lo mismo ‘Era una gran persona’ y, a todos, despierta recuerdos entrañables, destacando su generosidad con este pueblo y su Beata. 

Lo primero que llega a mis manos de ella es una fotografía, en una de sus innumerables visitas al asilo de ‘Las Hermanitas de los pobres’ de Benigànim, con las monjitas, ante una suculenta paella y rodeada de mucha gente. Veo que es una persona de presencia importante, de constitución grande, solidaria, emprendedora, decidida y, según me cuentan, profundamente creyente[2].

Era el año 1952, la economía española estaba cerca de una fallida técnica, era época de hambre, fue el año que se suprimieron las cartillas de racionamiento, se establece la libertad de precios, comercio y la circulación de productos alimentarios. 

(…) Dª Antonia Martínez Segura, viuda del Industrial Gabriel Mari Montañana, era propietaria de una empresa de fogones de petróleo a la calle Azcárraga de Valencia, una esmaltería situada a la calle Torres de la misma capital y un taller de sartenes en Mislata. Esa fue la herencia acogida de su marido, que había fallecido muy joven junto a cinco hijos que llevar adelante: Gabriel, Pepe, Antonio, Vicente y Carmen. Los negocios no pasaban por buenos momentos, a su cargo tenía a setenta operarios que iban a quedarse sin trabajo; luchadora y defensora de los trabajadores, intentó, por todos los medios y con mucho coraje, que eso no fuese así.

Como persona creyente, era asidua a la Catedral de Valencia. Allí visitaba con mucha frecuencia a esa monjita que está en un altar, la Beata Josefa de Santa Inés de Benigànim, de la que era muy devota y a la que le tenía muchísima fe. Pedía fervorosamente por su situación y la de sus empleados. 

Recurriendo tentar a la suerte y en uso de su devoción, pidió a la Beateta de Benigànim que les tocara la lotería, un número entero que había comprado para Navidad, y que había repartido entre sus trabajadores a cada uno en proporción al sueldo que tenía, el resto se lo quedó ella. La sorpresa fue tremenda: el gordo de la lotería de Navidad de aquel año fue para ese número. A partir de ahí, comenzó la relación de Dª Antonia Martínez con el pueblo de Benigànim y su Beata Inés. 

Días después, vino a Benigànim a dar las gracias a la Beata Inés un autobús con todos sus trabajadores.

(…) El Alcalde de Benigànim era el querido y recordado Don Vicente Boluda Palop, que hizo, con mucha caballerosidad, de perfecto anfitrión ante la comitiva y, a partir de ahí, se estableció un entrañable vínculo de amistad entre la familia de éste y la de Dª Antonia, a la que acompañaba y recibía en todas sus innumerables visitas. Benigànim era un pueblo de labradores que, poco a poco, iba creciendo gracias a las industrias del vidrio, madera, alpargatas y el textil. Pequeño, alegre y festero, en aquellos tiempos, en el mes de enero, se celebraba de manera esplendorosa la fiesta de San Antonio Abad, era una de los festejos más grandes. A la fiesta en honor a la Beata Inés, se hacía el solemne novenario al que cada año acudían a predicar oradores de mucha solera como Don Enrique Albiol, Don Juan Benavent, el Padre Salvador…. y el día 21 de enero se hacía pasacalle con ‘trons’, Misa Comunión y la Misa Mayor, más que nada, para los devotos que venían de fuera. 

(…)  Dª Antonia Martínez, con su bondad, sentía que tenía mucho que agradecer a la Beata Inés y, no solo a ella, sino a todo el que le rodeaba como su pueblo Benigànim, y así lo hacía adquiriendo compromisos con la parroquia, las Monjas Agustinas Descalzas y los más necesitados, convirtiéndose en una auténtica embajadora. La gente recuerda cuando venía siempre rodeada de personalidades, sobre todo, a la procesión. 

La imagen y las andas que actualmente recorren las calles de Benigànim de la Beata con el Ángel obra del escultor Don Carmelo Vicent y a la que todos veneramos, fue una donación de Dª Antonia Martínez.

 (…) Que la imagen pertenecería a todo lo pueblo y sería conservada por el Excelentísimo Ayuntamiento de Benigànim. La donante se guardaba el derecho a que la imagen pudiere pasar a ser propiedad de la hermandad Inesina. 

(…) Aunque no he tenido la oportunidad de consultar algún documento que lo acredita, me dicen y me lo confirman las Religiosas del Convento de las Agustinas Descalzas que también la imagen de la Purísima Concepción que preside el altar mayor de la iglesia de la Beata, fue también una donación de Dª Antonia Martínez y que las pendientes de brillantes que llevaba la Purísima eran de una cuñada que vivía en Bellús y que murió de una larga enfermedad. Mucha gente del pueblo recuerda cuando, desde un balcón de la casa de la familia Mataix situada a la Plaza de la Beata, en un baño de multitud, junto al Alcalde D. Vicente Boluda, se leyó el acta de donación de la imagen. También donó una campana.

Transcurrían los años y Dª Antonia Martínez continuaba visitando Benigànim, no fallaba nunca en los días más señalados, Navidad y Reyes, el día de la Madre…, visitas que siempre eran gratas. Era querida y conocida por la gente del pueblo, de forma cariñosa, como ‘La Millonaria’.

Estaba pendiente de todas las necesidades del pueblo y numerosos los donativos y las donaciones que hacía. Todos los 21 de enero, así como dos o tres veces al año, obsequiaba la comida en el asilo de las Hermanitas de los pobres y compartía mesa con ellos. También lo hacía en el asilo de las Hijas de la caridad, repartía juguetes para todos los niños y niñas, incluido algún año me cuentan que pagaba la banda de música para la cabalgata de los Reyes Magos. Era todo un ejemplo de caridad y bondad para el pueblo de su venerada Beata a la que tanta ayuda le había pedido y tan correspondida se había sentido.

El día 2 de enero de 1960, en una sesión de pleno ordinario (…) la nombraron hija adoptiva de la Villa Real de Benigànim en gratitud a su comportamiento con este pueblo, al que tan ligada estaba y se sentía desde hacía algunos años, a su generosidad con los más necesitados, a su fe en la Beata Inés, a la que ella impregnaba el manifiesto de su devoción allá donde iba y en todos los actos de su vida.

(…) También el pueblo de Benigànim la honró dedicándole una calle a su nombre.
El año 1967 monta una fábrica en Meliana con el nombre de VIUDA DE GABRIEL MARI MONTAÑANA, que actualmente existe con el mismo nombre, dirigida por tercera generación, o sea, por los nietos, y dedicada a la fabricación y distribución de productos bajo la marca PRÁCTIC (Chimeneas, tuberías, accesorios de baño para calefacciones, fregaderos…)”.
 

A continuació, Juan Antonio Boluda escriu: “hablo con Antonio Jorge Mari Calvo, de cincuenta y un años, nieto de Dª Antonia, hijo de Antonio, el tercero de los hijos. Me recuerda muchas cosas de su abuela: cuando era niño con ocho años, vino alguna vez a la Beata con ella; recuerda las monjitas que le daban pastelitos y caramelos, me pregunta por las Hermanitas de los pobres, me cuenta que Dª Antonia tenía un carácter fuerte y con mucha personalidad, pero tenía un corazón grandísimo, lleno de bondad y generosidad, que la vida de su familia estaba marcada con mucho orgullo por un sistema social con el que prevalecía la línea materna como autoridad, es decir, era una autentica Matriarca, y su recuerdo estaba muy presente en la vida de toda la familia”

I, finalment, Juan Antonio Boluda, entre d’altres coses, indica que “Hoy, más de cincuenta años después, creo que es justo hacer una pequeña conmemoración y, con lo poquito que he podido plasmar en este breve homenaje, espero haber despertado un recuerdo entrañable entre la gente que la conoció y vivió alguno de estos acontecimientos. Entre los que no, haber aportado alguna cosa más a la historia de nuestro pueblo y de la fiesta de la Beata”. 

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

 

Notes: 

[1] Aquesta entrada de Facebook és del 9 de març del 2017.

[2] El remarcat és meu i, ho faig, entre d’altres coses, per a veure que coincideix amb unes línies que escriu Manuel Sanchis Guarner (en el llibre “La llengua dels valencians”), quan comenta que, en el segle XVIII, la gran majoria dels valencians eren molt religiosos com també quan, un amic meu, autor del llibret “’La Abuela Damiana’. Vivències que perduren”, escriu que l’àvia Damiana, matriarca de la cultura colla en el nord de Xile, és ”una dona minera, del Poble dels Colla, natural de l’altiplà andí, de costums i vida propis, d’organització matriarcal i molt religiós” (p. 3) i que, “Per al poble colla, la matriarca és l’autoritat, tant civil com religiosa i, fins i tot, la judicial” (p. 4).

Un fet semblant el trobem en el llibre “Cuentos valencianos”, de Vicente Blasco Ibáñez, quan, en el relat “La cencerrada”, diu que “Marieta (…) se metió en el estudio siguiendo a su marido.

Ahora se fijaba en aquella habitación, la mejor de las casas, con su sillería de Vitoria, las paredes cubiertas de cromos religiosos con apagadas lamparillas al frente (…)

Sobre la ventruda cómoda (…) elevábase una enorme urna llena de santos” (p. 54).

Dones senzilles, creatives, que fan de mare i que dirigeixen

Una altra contarella que figura en el llibre “Rondalles populars valencianes”, a càrrec de Rafael Beltran, i en què es plasma el matriarcalisme, és “El gripau i la rabosa”, també present en altres fonts. Així, un gripau (animal femení relacionat amb l’aigua, amb l’ombra i amb la humitat) fa una proposta a una rabosa que lliga amb les valors masculines:

“-¿Fem una cursa a veure qui corre més? D’ací, a la font: anar i tornar. Ens hi podríem jugar un cafís de blat.

-D’acord -acceptà la rabosa-. Precisament, ara anava a estirar un poc les cames” (p. 359).

Després, hi ha uns passatges d’estira i arronsa entre tots dos, per veure qui guanyarà i en què cada u diu que ell en resultarà vencedor, tot i que ella es presenta vanitosa. En qualsevol cas, el gripau trau mots sucosos i com un eixart amb el seu paper feminal i arriscat: “Perdona que et trenque el dir. Parles més que alenes. Trobe que tens moltes paraules i pocs fets. (…) espera’t una miqueta, que vaig a un lloc i, de seguida, torne” (p. 359).

En acabant, ell, davant dos amics, els explica el cas i els diu les instruccions, les quals són en nexe simbòlic amb lo matriarcalista:

“-Tu et poses vora la figuera que hi ha a mitjan camí entre l’eixida i la font. I tu et col·locaràs al costat de la font…

Els dos gripaus es van dirigir als llocs indicats sense que la rabosa s’adonàs de l’estratagema. Per la seua part, el gripau (…) regressà a l’indret on era la rabosa i digué:

-Ja sóc ací. Quan vulgues, iniciem la cursa” (p. 360).

Per tant, 1) el segon gripau empelta amb la figa, fruit que, com posa l’entrada “Figa, figuera” de l’Enciclopèdia de la Fantasia Popular Catalana”, de Joan Soler i Amigó, és “Símbol de fecunditat, per la gran quantitat de llavors que té i per la seva semblança amb el genital femení”.

En passar la guineu per on és cada u dels companys del gripau competidor, copsa que l’amic ja hi és i, en accedir a l’arribada, el vertader gripau li diu:

“-Ací sóc abans que tu. Què t’ha semblat la correguda? -li amollà l’astut gripau.

(…) [ La guineu] Mesurà el cafís de blat, que tant li havia costat d’espigolar, i el donà al gripau. Romangué amb la cara de vergonya. Abaixà el cap i se n’anà amb la cua entre les cames” (p. 360) i, així, la humilitat, la coordinació entre persones i la creativitat havien batut.

Una altra rondalla amb signes matriarcalistes, i amb els papers de l’home i de la dona ben assignats i d’acord amb la tradició catalana, és “Joanet”, arreplegada en aquesta antologia. Així, uns pares tenien un fill, Joanet, qui era molt ximple i, fins a molt avançat, quan, com aquell qui diu, ja estava en edat de casar-se. Tot i això, un dia tornen els pares a sa casa i “Joanet els assabentà, humilment, tota la peripècia. (…).

El xiquet Joanet es convertí, al cap dels anys, en un fadrí nodrit i faener fora de mida. Amb poques paraules, se’n podia dir que era una bona persona” (p. 374).

Aleshores, una dona guilopa entra en el relat i traurà suc a la bonesa i a la creativitat de Joanet: “Li va caure en gràcia una xica de la seua vila i, a poc a poc, se n’enamorà:

-Aqueixa xica fa per mi -pensava.

També la xica ho va veure amb bons ulls, puix que si, per un costat, al bon Joanet, no li sobrava seny; per l’altre, un bon patrimoni li esperava. A més d’això, ella sabria portar com cal la casa i aconsellar-lo bé, fent una excel·lent companyona. Així que es van posar a festejar i, a pocs mesos de prometatge, es van casar” (p. 374). En altres mots: la dona té bona avinença amb ell, la muller dirigeix la casa i, finalment, li farà de mare i, així, la figura maternal continuarà en la vida de Joanet, com en més d’un cas que he conegut i en què la dona, per exemple, a més d’esposa, també passa a fer les funcions de mare respecte del marit.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Dones que gestionen, hòmens que emparen i vells que aconsellen

Una altra contarella en què hi ha trets matriarcalistes, i arreplegada per Rafael Beltran en l’obra “Rondalles populars valencianes”, és “Sant Job (Els tres consells)”. Així, hi havia un home que era treballador, però que, com que a penes recollia i hi havia poca faena, “pensa d’anar-se’n fora a cercar on guanyar-se la vida i ho va dir a la dona:

-Mira: he pensat que me’n vaig a veure si trobe faena perquè, si no, ens morirem de fam.

-Puix bé. Jo ho passaré aquí, com puga, i tu, quan tingues treball, ja m’enviaràs diners.

I l’home se’n va” (p. 318).

En nexe amb aquest passatge, hi ha relats en què 1) la dona és a punt de morir-se i 2) la família passa per un mal moment. Nogensmenys, ací ho reflecteixen tots dos.

Quant al paper de la muller, encara que ell li porta els qüerns, ella és qui els gestiona i ho farà després de tractar-ho tots dos. Àdhuc, hi ha hagut casos en què el marit ho delegava en la dona (no sols en dones catalanoparlants nascudes abans de 1920), ans al contrari, entre nascuts després.

Com a compensació a la bonesa d’aquests personatges, en aplegar l’home a una casa, ho fa a una “molt bona. Allí menjava, tenia una cambra i treballava de gust perquè el seu amo era bo. I, per a no perdre aquella casa, no li demanava diners. I treballava la terra i portava la finca. I van passar-hi trenta anys sense demanar-li res” (p. 318).

Aquestes línies són un exemple d’un acord que dura pràcticament més d’una generació i que es podia haver allargat més. Cal dir que el marit ho està com si fos u més de la família receptiva, la qual li confia les terres, ell les llaura i en trau molt de profit, fet que permet un lligam no solament amb lo tel·lúric, sinó, ben mirat, amb el propietari.

“I un dia pensa que se li acabava la vida i que ja era hora de tornar a la seua vila. Així, que l’home va” (pp. 318-319) i ho diu a l’amo, qui li ho aprova i, a banda, li afig: “Mireu: he pensat una cosa. Puc donar-vos els diners del vostre treball o tres consells bons. Vós trieu.

El bon home s’ho pensa un poc i li diu:

-Els diners estan be; però pot ser que siguen millor els tres consells.

-Bé. Ja que heu triat això, vos diré els tres consells. El primer és: ‘No deixeu mai camí real per senda’. El segon és: ‘En tot allò que no vos importe, millor si no vos hi claveu’. I el tercer diu: ‘Mal pensament que tingueu hui, deixeu-lo per a demà’. I vos donaré estos dos pans. Mireu: este més menut és per a que mengeu pel camí, quan tingueu fam; i este més gros vos el done perquè el partiu el dia més feliç de la vostra vida.

-Moltes gràcies. Així ho faré.

-Ja no tinc res més a dir. Bon viatge!

I el bon home agafa (…) i se’n va” (p. 319).

Com podem veure en els mots de la qüestió que fa el masover i en la resposta del jornaler, ningú dels dos rebutja la segona part (els diners i els consells), un detall que empelta amb el matriarcalisme. Això explica per què el treballador s’enduu pa i les lliçons de la vida (aprenentatges que li seran profitosos d’ara en avant).

En el passatge posterior, el marit es troba amb dos hòmens que decideixen tirar per una drecera, en lloc d’un camí recte. Tocant el simbolisme, en aquesta rondalla no és tan manifest en el llenguatge, a diferència d’una narració compilada pel folklorista Francesc de S. Maspons i Labrós (1840-1901), “Els tres consells de Salomó”, en què apareix que “no es gosava mai a arriscar a eixir fora de la carretera, per més que alguna vegada conegués ell mateix que feia marrada”, de l’obra “Lo Rondallaire. Tercera sèrie” (p. 39), publicat en el 2014 per Cossetània Edicions. En la contalla valenciana, el personatge es diu “Mireu: jo seguiré per este camí. No tinc pressa, vaig a poquet a poquet i faig el viatge. Ja ens veurem allí” (p. 319), en un hostal on coincidiria amb els dos hòmens esmentats.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Dones de bon cor, eixerides, creatives i hòmens que les emparen

A continuació, la dona que reportarà a l’amic es fa passar per velleta i diu a una altra dona: “jo sóc la mare que la va criar en el mas. I sempre havia tingut ganes de veure-la» (p.  312). La xica, confiada, facilita que entre l’anciana, qui, en anar-se’n, no sols havia observat detalls de la casa, sinó que es fa amb l’anell que hi havia damunt de la tauleta. I, immediatament, mamprén cap a on era l’amic.

En arribar-hi, li descriu com era la casa i, així, l’home podrà simular que hi ha estat un temps i que coneix la jove. És més: l’amic ho amolla a l’alt càrrec polític i, altrament, li diu “Mira: ací tinc el seu anell, el senyal que sí que hi he anat” (p. 313). Els fets en aquest apartat de la narració ens indiquen que la dona ha salvat l’home, que li ha fet la faena bruta i que ell no ha estat capaç de portar-ho avant, puix que ella és més destra (i, això sí, s’ha venut al confident).

Nogensmenys, la xicota capeix “que li faltava l’anell, va pensar que era una trampa que li havien fet, perquè furtar-li l’anell una mare del camp…” (p. 313).

Després, la joveneta, “com que era tan astuta, tan resabuda (…). Se’n va anar a casa d’un plater i li va dir:

-Jo voldria que fera un vestit guarnit de plata” (p. 313): els lluents, les randes, el fil i la màniga,… I, com que ho fa vestida de criada, l’argenter no es decidirà a fer-ho fins que ella no li pose davant una quantitat important de diners.

El plater, que no sabia qui seria la noia, dóna pas a una secció en què la dona, mitjançant la premsa i tot, copsa que hi haurà un plet i, per això, s’atansa a l’argenter i li comenta que, per al dia del juí, vol tenir el vestit.

Ja en el sala de justícia, l’amic es presenta formal i, quant al patrici, disgustat, però no diu res. El primer declara que li havia costat molt fer-se amb la dona i que l’havia conquerida (fet que ho demostrava perquè ell tenia l’anell i, per consegüent, havia estat junt amb la jove): “de prova que no dic cap de mentida.

Es veuen entrar la senyora, vestida com un margalló, (…) guapa, (…) però que li faltava una màniga de plata (…) i se’n va i diu al jutge:

-(…) pareu el juí, que tinc moltes coses a dir. Pareu el juí.

-I, què teniu a dir, vós, senyora?

-Què he de dir? Que eixe senyor que veieu ací assegut va entrar a robar-me i em va robar esta màniga.

Ja veus. Com que el senyor no l’havia vista, s’alça i diu:

-Senyor jutge: és una mentidera. Que jo no l’he vista mai. Jo, esta és la primera volta que la veig. (…) ¿No vos dic que no l’he vista mai?

I el noble s’alça, tan recontent i tan desvanit i diu a la dona:

-¡Que resabuda eres, que espavilada eres! D’ara en avant, tots et veuran. I, a este, per mentider, per fals i per traïdor, li donarem la sentència que el jutge pose.

Però ací va acabar: l’amic, a la presó; el governador, amb la dona” (p. 314).

Com a anècdota, diré que, el 3 d’abril del 2022, durant una visita dels meus pares a ma casa, ma mare em contà que el pare de sa àvia paterna (nascuda en 1878), Vicent Guillem, era jutge i que, en un judici, sospità que l’acusador enganyava. Llavors, aquest besavi de ma mare féu com la jove d’aquest relat: creà una mentira perquè l’acusador caigués en la ratera. Així: “Ahí [ , en la camisa,] tens una taca” (sic). Aleshores, l’home, immediatament, passà a intentar llevar-se-la. I el magistrat es posà de part de qui sí que havia estat honest.

Finalment, afegirem un altre fet real que em vingué al pensament (mig somrient i mig plorant mentres llegia el capdavall de la contarella i rememorava un acte que em fou favorable), en preparar la interpretació d’aquesta contalla (en la tercera lectura del text) el 2 de juny del 2026: una acusació falsa de tocaments i de violació de la intimitat que em féu una menor quan ella tenia sis anys i dos mesos (per setembre del 2006). En el 2015, el dia que em preparí com iniciar la conversa amb la xiqueta (aleshores, amb catorze anys), ho fiu amb un «Era per a perdonar-te per lo dels tocaments…». Ella no s’ho esperava i la seua responsió fou “Ah! Ja no me’n recordava!”, uns mots decisius.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

L’arquetip del rei, educació matriarcal, maternitat i senzillesa

Prosseguint amb signes matriarcalistes en el recull “Rondalles populars catalanes», n’hi ha en la contarella “La màniga de plata”, la qual és una defensa de la dona, en lloc d’una aliança amb l’arribisme i amb l’esperit conquistador i possessiu dels qui s’inclinen per la fama, per la superficialitat i pel triomfalisme per damunt de les persones. Així, un governador que un dia se n’havia anat a caçar, passa per una casa i ho fa com a més pobre i, de pas, aquest noble s’atansa més a la majoria de la població.

Ja dins de la casa, respon a l’home que l’acull: “Si  vós voleu que passe la nit ací, ho faré.

I l‘home, vellet, qui no era tampoc un mal home, va dir:

-Bé. Sí: hi podeu entrar” (pp. 310-311).

Tot seguit, l’ancià li comenta “Tinc una xica, una filla que sa mare es va morir i la vaig donar a criar a una dona del camp. Com que la xiqueta era tan guapa, vaig fer el propòsit que no la veiera ningú perquè no li passara res de mal i, quan ve una visita, fins que no sé qui és, no li dic el que tinc.

-Ai: jo tindria interés de veure-la.

I el senyor li diu qui era perquè l’home tinguera més confiança a ensenyar-li la xica (…). Quan obri i es veu la xica, tan preciosa, diu al pare:

-Conteu-me un poc de la vida de la jove.

-Mireu: la mare es va morir i vaig donar la filla a una dona del camp, que me la criara i, en vindre la xica, li vaig ensenyar tot el que jo sé. Li ho he ensenyat, però, a ella, no l’ha vista ningú.

-Si vós em feu promesa que no la veja ningú, jo em case amb ella” (p. 311).

Per tant, el noble, seguint la tradició de l’arquetip del rei, és obert a conéixer els seus inferiors (ací, la joveneta), els respecta i, a més, promet que complirà la paraula amb el pare.

Altrament, el narrador trau un paper paternal que acull bé la funció maternal de protecció i d’educació: si, primerament, l’home delegà l’educació inicial a una dona (la mare adoptiva), això no ha exclòs l’hostaler del seu paper de mestre de la vida (i, per eixe motiu, exposa que ell li ha ensenyat tot lo que sap i que ho ha fet al llarg de bona part de la vida de la xiqueta). Adduirem que el llenguatge i l’estil hospitalari reflecteixen una persona senzilla, de confiança i, com se sol dir, un “Home de paraula”.

En acabant, quan el noble aplega al poblat i digué que tenia núvia, tots tenien ganes de veure-la i la jove “Ve el dia de casar-se i es casa amb la cara tapada, molt trempada, molt mudada. I la cara, tapada” (p. 311).

Llavors, entrem en un passatge que rememora els de les rondalles en què un rei (o bé un príncep) ha d’anar a una guerra i demana que els de la cort tracten bé la seua dona i, fins i tot, la mare i el fillet. Així, ell “va dir a la dona:

-Una cosa et demane: que no et veja ningú fins que jo vinga.

-Estigues tranquil, que no em veurà ningú” (p. 311).

Ara bé: abans de partir-hi, un amic del governador desafia el noble, però el patrici li comenta: “tinc molta confiança en ella que, fins jo no vindré, no la veurà ningú. (…) Voldria que no intentares veure la meua dona perquè, de totes maneres, no l’has de veure” (p. 311).

En un fragment posterior, l’amic fa que entre un personatge femení que, a diferència de la mare de llet i educadora en la infantesa, com indica l’amic, “seria bona per fer el paper de mare que l’ha criada. Vejam si eixa dona poguera entrar perquè, per ella, jo sabria com és” (p. 312) la fadrina.

Així, ens trobem amb dos protagonistes masculins i senzills (el pare i el prefecte), amb dues dones de la mateixa corda (la segona mare i la xica) i amb dos protagonistes que representen la raboseria i el joc brut (l’amic i la dona que el reportarà). O siga, predomina la bonesa.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Dones comerciants, que salven i hòmens agraïts

Una altra contarella arreplegada en l’obra “Rondalles populars valencianes”, i en què capim molts detalls matriarcalistes, és “El plet de les Amèriques”. Un home decideix anar-se’n a les Amèriques, s’atansa al port, veu una cantina on donaven de menjar i hi entra:

“-Bon dia, nostra ama -va saludar.

-Bon dia, cavaller. Vós direu.

-(…) Si vos vinguera bé, em fiaríeu (…) de manera que, quan jo vinga d’allà cap ací, (…) vos ho pagaré, si vós volguéreu fer-me la gran favor.

La dona l’escoltà  i, (…) com que era tan poquet, va dir:

-Tireu, pobre home. Si torneu a pagar-m’ho, bé; i, si no hi torneu, també!” (p. 293).

En altres mots: apareix la figura de la dona comerciant i, al mateix temps, senyora ama, és ben considerada per l’home i ella el salva i el subministra.

Dotze anys després que el senyor haja anat a l’estranger, “va fer una mitja fortuneta. Com que, a l’home, li tirava molt València, (…) se’n tornà. De regrés cap ací, se’n va recordar” (p. 293) dels detalls “que l’ama de la cantina li havia fiat quan era un pobre (…). Agraït per tot allò” (p. 294), se’n va al local a veure si hi era “i encara hi estava la mateixa dona” (p. 294), qui li diu:

“-Sí que me’n recorde, vaja! Com esteu, vós?

-Molt bé, senyora. Venia a pagar-vos, que, qui paga, descansa; i qui cobra, s’alegra; i, qui és agraït, és ben parit” (p. 294).

Com podem veure, en unes quantes línies, hi ha tres refranys i el tema de l’agraïment, present en moltes rondalles de tot l’àmbit lingüístic.

Passa que la senyora ama tenia un fill que era advocat i que porta a juí el viatger. El valencià que torna d’Amèrica, al capdavall, troba un lletrat que li recomana anar a un pastor que la sap llarga.

Després, l’home raona amb el pastor, qui li diu: “Això ho teniu guanyat de seguida” (p. 295).

Ja en el judici, en què el defensor del fill havia tret aliments i animalets, el pastor diu al jutge que la vespra ell havia cuinat “cigrons, hui he anat i els he plantats” (p. 295).

Llavors, quan el magistrat li amolla si, tot i haver-los adobats, encara volia que isquessen, el ramader li comenta:

“-Home! ¿Voleu vós, que, al cap de dotze anys, que este home es va menys dos ous, isquen pollastres, gallines, pollets i tot, i no voleu que isquen els cigrons?” (p. 296).

Finalment, el jutge es posa de part de l’home que havia regressat de les Amèriques, qui “va poder viure tranquil amb la seua mitja fortuneta gràcies al pastor, que va guanyar un amic” (p. 296) i, per això, el narrador s’alia amb els personatges de bon cor (l’home, l’ama, el lletrat i el pastor).

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Dones que salven, fills agraïts i reis que emparen la bonesa

Tornant a un passatge amb els tres germans plegats, els dos majors se’n desfan del més xiquet i, quan ja són en el palau reial, lliuren els dos ous al remeier,… però el fill del monarca no es guareix de la ceguesa.

Altrament, l’àguila passa pel pou, recull el més petit dels germans i, a canvi de traslladar-lo cap a la cort, el fill alimenta l’au. És més: la part sacrificada és masculina, puix que l’home més petit (ací, el nin) diu a l’àguila: “M’has salvat la vida” (p. 243) i ell li havia donat una de les seues cames.

Llavors, la dona (amb un paper paregut al de la lloba que veu que un lloparró seu podria morir-se i li bossa menjar mastegat per ella) “Bossa la cama, li l’apega i li la posa” (p. 243). I, en finir el trajecte, l’au diu: “Jo sóc la Mare de Déu, la mateixa a qui tu reses totes les nits. Sóc la mateixa que estava en la caseta. Ara, vés corrent al palau, que ja hi són els teus germans. Tots dos passen els ous pels ulls, però no s’hi veu. Fins que tu no hi aplegaràs, no s’hi veurà” (p. 243). Així, la marona (ací, un personatge femení) determina qui podrà guarir el príncep i, més encara: ho posa en mans de qui ella tria com a persona més preparada per a fer el bé al malalt, perquè ho podem interpretar com que, qui sí que és bonhomiós, pot fer el bé allà on siga i allà on visca, àdhuc, amb un paper que evoca les trementinaires.

Com a mostra, ja davant del monarca i del curander, el noi passa un ou per davant de cada u dels ulls del príncep, a qui li retorna la vista. En acabant, com a agraïment i com a recompensa, el rei li diu:

“-Bé: ara, tu tindràs el premi que voldràs. I els teus germans tindran el castic que tu diràs” (p. 244). Després, el fill considera adient que els seus germans, en lloc, per exemple, de ser empresonats, porten un capell (ací, un cartell en què la gent puga llegir tot el mal que han fet). I li afig: “I els perdone, ara, de tot” (p. 244).

Finalment, en haver-ho aprovat el rei, el monarca li va comentar: “ara, tu, demana’m el que vulgues. Et construiré un palau; i els teus germans, que romanguen en casa. En eixe palau, no et faltaran criats, ni criades; ni et faltarà menjar (a tu, a ta mare o a ton pare) mentre visques. I el dia que tu sigues ben gran i que trobes una xica que t’agrade i que et cases amb ella, hi viureu com si fóreu el rei i la reina, mentre visqueu” (p. 244). En altres mots: el sobirà s’alia amb l’actitud de bon cor (un detall que lliga amb el matriarcalisme i amb l’arquetip del rei), allunya la malignitat, acull la innocència infantil, empara el cor net del nin i, com si el xiquet fos hereu seu, possibilita que l’al·lot tinga on viure protegit (i amb un bon nivell de vida) en l’esdevenidor. Com un pare bonhomiós faria amb un fill benèvol.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Rondalles amb persones de bon cor, maternitat i amb dones que salven

Una altra rondalla en què es copsen trets matriarcalistes, i que hi ha en la recerca “Cavallers de capa i capell”, és “La criadeta”, sobretot, per la bonesa i pel tema de l’acollida de xiquets òrfens, en aquest cas, d’”una filla joveneta, òrfena i sense béns” . Així, després de la mort dels amos d’un mas, els del mas del costat, “que eren rics i que la coneixien, es van apiadar d’ella i se la van afillar com una criadeta. A més, perquè els venia bé tindre algú que es fera càrrec del fill menut que tenien, un infant de pocs mesos. I així va ser com la xiqueta es va incorporar, de seguida, a la seua nova família” (p. 27).

A més, cal remarcar que “La xiqueta s’avenia molt bé i era molt faenera i, per això, i perquè veien que tenia molta cura del seu fill, els amos del mas (…) li van agafar molta estimació i la tractaven molt bé” (p. 27), fet que indica que, no per haver estat adoptada, la miraven de dalt a baix, sinó que en prioritzaven els seus punts forts.

Això féu que, un dia d’hivern, els propietaris li digueren que “se n’havien de baixar a la vila (…) i que li deixarien el xiquet durant unes hores, que en tinguera molta cura. La xiqueta els va dir que sí i es va posar molt contenta perquè veia que se’n fiaven molt” (p. 27).

És a dir que, de bon principi i fins ara, els pares adoptius fan possible que la filla estiga emparada i no deixen fora la infantesa, ni l’adolescència. Ben mirat, la bona avinença entre ambdues bandes, consolida el lligam entre els adults i els de la generació més jove, o siga, amb l’esperança.

En un altre passatge, un dia que feia molt de fred, la xiqueta carrega de llenya la llar i acosta el nen al foc perquè no tinga fred. Passa que ella s’adorm i que el bressolet s’encén en flames.

Aleshores, la criadeta tracta de salvar el nin i, com que res no pogué fer, “La xiqueta només feia que plorar i plorar i s’aclamava a la Mare de Déu” (p. 27), tret que reflecteix l’interés de la jovencella pel xiquet:

“-Divina Aurora: salveu-me d’açò! Torneu-me el xiquet, que s’ha mort cremadet com un angelet!

I vinga de plorar i vinga de resar!

En eixes que estava, que va sentir que obrien la porta del carrer. Eren els amos del mas, que ja tornaven de la vila (…). De seguida (…) la van veure amb els ulls plorosos (…):

-Què et passa, xiqueta? Per què plores tant? (…) On és el nostre fill? (…) Vinga, ja n’hi ha prou! (…).

Però, quan anava a dir-los tot el que havia passat, van sentir que el xiquet es reia a la cuina i se’n van anar corrents a veure’l. I és que el xiquet era en el seu bressolet, tot content i calentet, com si no li haguera passat res, i feliç de veure els seus pares” (p. 28).

Altra vegada, l’atenció pel xiquet fa que ell romanga com en un sopluig i, així, per exemple, com el nen que alleta de la mare i com la dona fa que ell senta la calentoreta maternal que atorga confiança per part del nin i tranquil·litat a la marona. Afegirem que aquest sentiment de l’infant també és present en el seu vincle amb els pares, no sols en la relació criadora-fill i que la dona (Nostra Senyora) havia salvat l’home (l’al·lot).

Finalment, com a mostra de la bona empatia dels propietaris, “Quan la xiqueta, ja més asserenada, els va contar el que havia passat, els amos del mas es van posar a plorar (…) i van saber que la Divina Aurora els havia fet un gran miracle. Els amos no van castigar la xiqueta i li van permetre viure al mas tota la vida” (p. 28). Així, hi ha un agraïment de pares a criadeta i recompensa (ací, molt important): que ella puga estar sota un aixopluc, fet que li permetrà tenir una vida més fàcil i, ara sí, com a filla adoptiva i de fiar pel seu bon cor.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Rondalles amb mares que donen vida als fills i amb reis bonhomiosos

Una altra rondalla en què capim trets matriarcalistes, arreplegada en l’annex del treball “Cavallers de capa i capell”, d’Oreto Doménech i Masià, és “La flor del girablau”, coneguda i amb diferents versions. Un rei estava molt malalt i ningú trobava eixida a la seua malaltia, fins que, un vell que vivia en una cova de la muntanya, es presenta en el castell del monarca (p. 18). Sobre el fet que el personatge siga un home, que visca en una espluga i que el puga salvar, podria anar associat a un personatge que abans era femení, puix que, per exemple, en terres catalanoparlants, el món de les herbes medicinals era lligat, sobretot, a dones (com és el cas de les trementinaires en Catalunya), la formació de les quals passava a filles. Aquest home “tenia fama de ser mig metge, mig bruixot” (p. 18). Aquest detall connecta amb què aquesta narració puga ser-ne de transició (en què aquest metge pren part del passat i del present) i, àdhuc, amb què un protagonista femení hagués estat substituït (metgessa/bruixa, filla/mare, fadrina/casada…).

En qualsevol cas, ell diu “El rei només se salvarà, si algú li porta la flor del girablau” (p. 18) i, després, se’n torna a casa.

Llavors, el monarca comenta als dos fills que, qui li la duga, “heretarà el regne quan jo em moriré.

L’endema, els dos fills van eixir a cavall i cadascú va tirar cap a un costat” (p. 18).

En acabant, el narrador empiula el germà major amb “davall d’un pi” (un arbre que simbolitza el penis), mentres que el petit ho fa “davall d’una carrasca”, arbre paregut a l’alzina. Agregarem que, segons una creença que es pot llegir en l’entrada “Alzina” de l’”Enciclopèdia de la Fantasia Popular Catalana”, de Joan Soler i Amigó, “L’alzina és la muller del roure”. En altres mots, el gran tira amunt i descarta lo femení i lo maternal, mentres que el xicotet (qui era l’aleta del cor de son pare, qui podria representar el roure, puix que cal que un sobirà siga fort) és en nexe amb la dona.

El segon fill, en veure la velleta, fins i tot, li amolla “Si voleu, vos ho podeu menjar tot, que jo no tinc gens de gana’.

Quan la vella va acabar de menjar, va demanar al xicon per què feia mala cara i no volia menjar res. Ell li ho va contar tot i la velleta, en agraïment, li va dir que l’acompanyaria a on era la flor del girablau” (p. 19).

Aleshores, el jove agafa la més grossa i més bonica i fa camí cap al castell. Ara bé, com que el major li tenia enveja, el mata i “El va soterrar en un barranc sota un munt de pedres i de cantals i se’n va tornar cap al palau” (p. 19), on presenta la flor al sobirà.

Passa que el monarca, tot i que, primerament, es posa bo, s’entristeix perquè vol veure on romania colgat el fill petit i, per això, s’hi desplaça i “s’hi va fer acompanyar de tota la cort (…), hi creixia una flor de girablau tan bonica com la del rei” (p. 19) i, així, ambdós (el pare i el fill) són com un eixart de bonesa i de simpatia.

Ja molt a prop de la flor, tant els acompanyants del rei com també el fill gran, ouen que la flor comença a cantar que el seu germà l’havia mort, per enveja i per maldat, i que, ben mirat, li havia clavat l’espasa i que ell romania soterrat allí.

Tot seguit, “El rei va manar que grataren davall de les pedres i (…) van trobar el fill menut del rei, que, per art de màgia de la flor del girablau, encara era viu” (p. 19).

O siga que el petit havia estat sebollit davall de la mare (la terra, les pedres) i ella li havia donat vida.

Finalment, el rei perdona el fill gran, però visqué empresonat la resta de sa vida i, quant al més jove, “el van fer rei i tota la vida va governar com un bon sobirà” (p. 19).

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.

Jaume Ramon i Vidales, bonesa i sentiment de pertinença a la terra

Escrits plasmats en el llibre «Poblet. Narracions, tradicions i llegendes», de Jaume Ramon i Vidales (1846-1890).

Tot seguit, passem a l’obra “Poblet. Narracions, tradicions i llegendes”, de Jaume Ramon i Vidales, editada en 1910 en Barcelona, per la Biblioteca Popular de «L’Avenç” i que trobàrem en Internet el 14 de desembre del 2024 en l’entrada “Poblet (Ramon i Vidales) – Viquitexts (https://ca.wikisource.org/wiki/Poblet_(Ramon_i_Vidales). Primerament, direm que no és un treball de rondallística (encara que inclou contarelles i llegendes), sinó una mena de recull de la vida de l’historiador esmentat i, ben mirat, del seu sentiment de pertinença a la terra, recopilació que comença amb detalls de la seua vida i d’algunes de les seues relacions amb altres persones interessades per la cultura catalana de l’època.

Així, Jaume Ramon i Vidales havia nascut en el Vendrell (una vila catalana del Baix Penedès) i, com indica Lluís Via en el prefaci, “era un bon company dels Pelagi Briz, Bertran i Bros, Guimerà, Matheu i tants altres que, (…) per l’entusiasme dels quals, s’ha rejovenit Catalunya i, en les quals obres, com en font inestroncable, els joves d’avui s’han assadollat d’ideals” (p. 5).

Un poc després, l’amic (qui ja ho era sis anys arrere) posa trets de la manera de ser de l’autor: “Vull que el meu homenatge a l’escriptor i a l’amic sigui breu, sigui exempt de gales retòriques i, així, em semblarà més digne d’ell, que era tot senzillesa i sinceritat. (…) sa perícia professional, sa honradesa exemplar i sos treballs d’investigació històrica comarcana han perpetuat son nom en la pila del Vendrell, on nasqué, i, en molta extensió, a l’entorn” (pp. 5-6).

Agregarem que lliga l’historiador amb Àngel Guimèrà, un escriptor, polític i autor d’obres teatrals català (1845-1924):”fou qui primer conegué i estimulà les grans facultats de l’avui cèlebre dramaturg” (p. 6) i passa al seu vincle amb la terra: “en Jaume Ramon era, a més, un mirall de bons costums, un d’aquells homes que, bo i exercint llur professió, fan honor a totes les causes que defensen. Així s’havia guanyat l’afecte dels veïns del Vendrell i de gairebé tot el Baix Penedès, que el sabien un excel·lent pare i un amic de cor gran (…). Profund coneixedor de la gent de sa terra, els quals costums havia estudiat en remarcables articles (…) i exquisit glosador d’aquelles anècdotes i tradicions que millor revelen i més escaient fan la fesomia d’un poble” (p. 7).

A banda, Lluís Via afig que l’amic havia guanyat un premi en els Jocs Florals de Barcelona de 1896, amb part d’aquestes “Tradicions de Poblet” i, altrament, ens informa que “Era un home modest, d’aquells que fan més adeptes amb l’exemple que amb les prèdiques. (…) en Ramon sabia convèncer amb sa sola conducta, sempre plena de lògica, sempre conseqüent amb son caràcter bondadós com pocs n’hi hagi. (…) Mai va renyar-me perquè jo conreés en aquells temps, amb rutinària predilecció, la llengua castellana: ben al contrari. Mes el seu exemple feia insensiblement desvetllar-se en mi l’esperit català que no mor mai” (p. 8).

Finalment, aquest pròleg és rematat amb una qüestió amb resposta: “¿Què els fa, als arbres i a les plantes del camp, el que nosaltres no admirem llur bellesa, si aprofitem llurs fruits?

Aquest era en Jaume Ramon” (p. 9). Per tant, hi ha un empelt ben manifest entre el folklorista i la terra, això és, amb la mare.

Agraesc la col·laboració dels qui participen en l’estudi sobre el matriarcalisme i el fan més fàcil, als molt oberts i de bon cor i als qui em fan costat dia rere dia.